La culpa es de George Clooney.
abril 27, 2009
Mi madre está que trina, dice que ha ido al seguro de la calle Benito Pérez Galdós y un camillero le ha puesto, sin preguntarle, una mascarilla azul para que se proteja de la gripe porcina. Mi madre ha cogido la mascarilla y se la estampado en los morros, chillándole que con quién se creía que estaba hablando.
Se lo he contado a Oriol y me contesta que él no es biólogo, pero ha leído mucho sobre el tema, y está seguro de que lo de la gripe porcina es un invento de Obama para distraer la atención.
Le digo que Obama, nuestro presidente de escalera, no debe desviar la atención de nada, estamos bien desde que echamos a Benito, el administrador de fincas, cuando digo echamos quiero decir desde que mi madre y Doña Federica le colgaron por los pies en la Plaza Manila, desde ese día no ha habido problemas, los típicos roces de escalera. ¿Por qué tendría que desviar entonces la atención nuestro presidente? Yo no entiendo mucho de gripes, ni de cerdos, le digo a Oriol por el chat, pero desviar la atención, ¿para qué, de qué?
Oriol contesta que no se refiere a nuestro Obama, sino al de la casa Blanca, le digo que al final se pintó la fachada como quería Doña Federica. ¡Qué no! Me grita por el chat del Facebook, está muy alterado, en un chat para gritar hay que escribir en mayúsculas, QUÉ NO. OBAMA EL FAMOSO, EL DE LOS EEUU, EL QUE ESTÁ HACIENDO HISTORIA. Oriol está un poco excitado, se le fue la mano con la mistela.
Insiste en que el FAMOSO OBAMA, el nuestro también lo es, lo conoce todo el Barrio de Carolinas, SE ESTÁ INVENTANDO LO DE LA GRIPE para desviar la atención. ¿Se está inventando lo de la gripe porcina para desviar la atención? No lo creo, le contesto. Y me repite que él no es biólogo, pero ha leído mucho sobre el tema y la gripe porcina es un invento. Y si de verdad existiera, la culpa es de George Clooney.
¿Del famoso George Clooney? Le pregunto. Del famoso George Clooney, me contesta Oriol. Pero, ¿por qué? Por tener cerdos en casa, me dice. Y yo le contesto que el que más y el que menos, algún cerdo cerca siempre tiene en casa. GEORGE CLOONEY ES EL CULPABLE por criar cerdos y hacer que toda la humanidad se dedique a criar cerdos. Así nos va, dice mi madre que está leyendo lo que escribo, hasta los virus nos toman por cerdos. Tu amigo tiene toda la razón del mundo. La culpa es de George Clooney.
Mi madre también le ha dado a la mistela. Les he dejado a los dos chillándose por el Facebook. Les di las buenas noches y me metí en la cama pensando, ¿tendrá en el fondo razón Oriol, a pesar de estar un poco perjudicado por la mistela, y la culpa sea de George Clooney?
Sergi Navarro, pensando en George.
¿Qué pensarán los Alienígenas del enajenado Pepe?
abril 22, 2009
Le digo a Oriol por el Facebook que un tal Edgar Mitchel está convencido de que la NASA oculta un platillo volante en uno de los hangares que tienen en Cabo Cañaveral, y afirma convencido que existe vida extraterrestre, que hay alienígenas en la tierra, que estamos rodeados y que los distintos gobiernos USA nos han ocultado la información por sistema bajo la máxima: Ojos que no ven, corazón que no siente.
¿Y de qué sorprende el tal Edgar Mitchel? Me contesta Oriol al hilo Facebook, solo hay que ver un poco la tele. Si el Sardá no es un alienígena, ¿qué ostias es? O Boris Izaguirre, o el President Montilla, si no son marcianos, ¿qué son?
Yo no creo que sean Marcianos, le contesto, raritos sí, pero de ahí a ser marcianos hay un trecho bastante largo. Sin embargo, la idea de que la tele esté repleta de alienígenas o que los alienígenas puedan ver la tele me da qué pensar.
Qué sentirá un alienígena contemplando a la tía Susan cantando para la BBC. ¿Se habrán emocionado? Me ha dicho mi madre que a la tía le han propuesto rodar una película porno, ¿la verían los alienígenas? ¿Qué pensarán de los futuros productores?
¿Qué pensarán viendo a veinte homínidos encerrados en una casa repleta de cámaras, espejos, vacas, cabras y dos sofás? ¿Qué pensarán, si pueden hacerlo, viendo que un humano invita a otros cuatro a comer a su casa un buen plato de bacalao con tomate y los invitados no hacen más que criticarle, ponerle de vuelta y media y si son capaces de controlar sus esfínteres, vomitar cerca de la cámara para que se vean bien las espinas?
Y si tienen la Sexta en su platillo volante, si han instalado la TDT, ¿qué pensarán al ver a un señor llamado Pepe, fuera de sí, destrozándose el pie en el trasero de un congénere porque éste ha tropezado cerca de un palo blanco sustentado por otros dos palos blancos y dentro de un rectángulo verde marcado con cal sobre un campo de hierba para ganado ovino? ¿Qué pensarán al ver al señor Pepe, al que esta caída debe suponerle un perjuicio extremo, expulsando espumarajos por la boca, destrozándose los nudillos en los hocicos de sus congéneres, insultando, coceando como un matón de discoteca? Comportarse como un bestia hasta que un señor bajito vestido de amarillo chillón y pantaloncito corto le muestra una cartulina roja rectangular de no más de quince centímetros de largo y de apenas 12 gramos de peso, de apariencia insignificante, pero con evidentes efectos sedantes, ya que, de repente el señor Pepe deja de saltar sobre las costillas de sus conciudadanos y meditabundo abandona el gran rectángulo de cal, sin mediar palabra, cabizbajo, y con dos lagrimitas salada resbalándole los carrillos sale de escena, ¿qué pensarán los alienígenas? ¿Pensarán que la cartulina estaba impregnada de feromonas? ¿Qué el señor de amarillo era una semi-deidad etrusca? ¿Pensaran que realmente somos marcianos?
Sergi Navarro, protegiendo a la tía Susan del enajenado Pepe,
esperando a los alienígenas.
La tía Susan.
abril 16, 2009
A Doña Federica se le llevan los demonios, resulta que somos familia de Susan Boyle y le ha caído tan mal la noticia que nos ha puesto a dormir en la calle.
Mi madre al mediodía no se pierde por nada del mundo el telediario de la primera, es más una tradición que un acto racional, pero hoy, por culpa de la guerra de la TDT, en la escalera no sabemos muy bien qué es eso, ha habido un apagón a las tres menos tres y hemos tenido que ir todos los vecinos corriendo a casa de Don Vicente, el vicepresidente de la escalera es el único que se aclara con el follón de las teles, para poder ver el parte de las tres aseados y tranquilos.
Faltaba poco para los goles de la Champions, las noticias las dan rápido para centrarse en el sudor de Cristiano Ronaldo, cuando ha aparecido en pantalla la tía Susan y a mi madre se le ha caido el alma a los pies.
Ella no me ha dicho nunca nada, pero estas cosas se saben. Mi madre lleva muy mal que hablen de ella las vecinas, ha intentado mantener el tema en secreto pero estas cosas no se pueden ocultar. El abuelo Amador, un marino mercante, un hombre rudo, pero muy educado, conoció en uno de sus viajes a una escocesa encantadora cerca de un famoso lago y fruto del amor, del vino peleón que llevaran, y los sandwiches que preparara la buena señora, tuvieron en secreto una niña muy espabilada: la tía Susan.
Mi madre se ha puesto blanca cuando la ha visto. Qué vergüenza, ver a la tía Susan haciendo el ridículo.Pretendía esconderse bajo la mesa camilla de Don Vicente, pero no ha podido: primero porque no cabe y segundo porque a Don Vicente le quedan secuelas del garrotillo que cogió con los maquis y tiene el brasero todo el año encendido por si acaso lo que le ha valido a mi madre escaldarse las pantorrillas. Qué mal trago, qué mal rato ha pasado, todos los vecinos mirando a la tía Susan y ella sin saber dónde meterse, desmayada, queriéndose morir, pálida como una vela. Estaba a punto de tirarle un zapato a la tele, cuando se ha producido el milagro: han puesto a cantar a la tía Susan.
http://www.youtube.com/watch?v=9lp0IWv8QZY
A doña Federica le ha sentado a cuerno quemado que tengamos familia en el extranjero con tan nobles aptitudes, así que, y con la excusa de que una escalera decimonónica como la nuestra no puede ni debe permitirse los desmanes de una loca, nos ha tapiado la entrada y nos ha dejado a dormir al raso hasta que a tu madre se le pase la mona, me ha gritado desde la terraza del cuarto primera, el que da más a la calle de San Mateo.
Y aquí estamos, en el cajero de la esquina, aguantando el chaparrón, pero felices por el buen hacer el abuelo Amador y las dotes excepcionales del tía Susan.
Sergi Navarro, haciendo un hueco a la tía por si viniera.
Los Hmong de Eastwood inspiran a Doña Federica.
abril 2, 2009
No he podido encender el ordenador en dos semanas por culpa del Kung Fu. Nuestro presidente de escalera Obama, salió encantado del cine, había visto con su esposa y sus dos hijas la última de Eastwood, Gran Torino, y como en la escalera tenemos algún problemilla de convivencia, montó hace quince días un cine forum en el recibidor, junto al cuarto de contadores. Hubo de proyectarse allí la película porque Don Vicente no permite, después de la última reunión en su casa y por nada del mundo, más juntas en su apartamento.
Nos bajamos sillas de casa, un par de bolsas de palomitas, refrescos, chucherías, y nos pusimos a ver a los Hmong de Eastwood. Al principio, la escalera estaba un tanto revolucionada, a nadie le gustaba el film. Doña Federica y mi madre solo hacían que resoplar, nadie entendía a los chinos, son unos poca pena repetía mi madre, no tienen sangre, decía Doña Federica, no son chinos, son vietnamitas, decía Don Vicente, para que se callaran. Pero poco a poco fue calando en el ánimo de la escalera el estilo Hmong y se ha producido una transformación extraordinaria en la portería. Todos queremos ser amarillos.
Desde hace quince días todas las mañanas Don Faustino da clases de Tai Chi en el rellano del tercero, por las tardes don Vicente da clases de poda de Bonsais, Oriol estaría encantado, y por las noches El Señor Grabulosa, nuestro detective privado, imparte clases de Kung Fu estilo Shaolin, que por lo visto es el más completo que hay, es del norte y tiene patadas, puños y volteretas laterales. Es el más indicado para nuestro perfil, dice el Maestro.
Gracias a los Hmong de Eastwood se ha establecido una corriente Oriental-Budista-Tradicionalista en la escalera que da gusto coger con un vecino el ascensor. Todos nos saludamos. Además la corriente se está infiltrando en el barrio. Desde hace dos semanas todos bajamos la basura vestidos con nuestros kimonos y nuestras cintas en el pelo, estilo Daniel San, el pasamanos de la escalera está lleno de velas y barritas de incienso. Se respira una paz, una tranquilidad de ánimo, un descanso, una sensación de libertad que no se recordaba desde que a Doña Federica la metieron en la cárcel porque ella y la Blasa vendían mortadela de estraperlo camuflada entre los periódicos de relleno de los bolsos para ancianos.
La lástima es que practicando con los Ninchacos mi madre le dio un viaje al ordenador que hemos estado dos semanas sin poder entrar en el Facebook. Pero ya está, ya lo hemos arreglado. El señor Grabulosa que es muy atento y tiene un amigo que repara tostadoras y antenas de radio se ha encargado de todo, sin cobrar un céntimo. Solo quiere lo mejor para la escalera porque todos formamos parte del mismo orden universal. Una maravilla.
Sergi Navarro, inspirado por los Hmong, de nuevo in Internet.
El sastre de Doña Federica.
marzo 15, 2009
A Benito, nuestro administrador de fincas, mi madre acabó colgándole por los pies del castaño de la plaza Manila y ha confesado que él es tan responsable del desfalco en las cuentas de la comunidad como Doña Federica.
Por lo visto iban a medias, él firmaba cheques, falsificando la firma de Don Vicente, y ella los cobraba donde la Blasa, quien, por lo visto, además de vender complementos para jubilados tiene montada una red internacional, Algeciras, Alicante, Marsella, Nápoles, de pagarés falsos y zapatillas de estar por casa.
Esto nos ha cogido por sorpresa, porque Doña Federica siempre ha jugado la baza de la honorabilidad. Pero como dice Oriol, torres más altas han caído. Mi madre está que trina, dice, que así también ella se hace la obra y arregla la azotea, que por cierto, también nos hemos enterado de que es pisable, Doña Federica se la había apropiado con la excusa que los vecinos nos podíamos subir por debilidad de la estructura, y pone tarima flotante en toda la casa y cambia la cocina.
Hemos ido a comisaría a denunciar a la presidenta de honor, pero no nos han hecho ni caso. Se comenta en el barrio que Doña Federica tiene un sobrino guardia urbano con bastante mano en el ayuntamiento y está moviendo los hilos para echar tierra sobre el asunto.
Mi madre ha jurado que este asunto no queda así. Se ha unido con Marcela la dueña de la mercería, por lo que cuentan, Doña Federica le habría colado un par de cheques falsos para comprar paño para una sobrefalda, y entre las dos están repartiendo octavillas en el Mercado de San Mateo poniendo a la presidenta de honor a caer de un burro.
Qué pasional es el barrio. Don Vicente y yo estamos pensando en una pequeña mini-serie, una TV movie, que pasaríamos en los circuitos locales y que seguro será un éxito sobre el extraño caso de Don Benito, Doña Federica y Doña Marcela la de la mercería.
Sergi Navarro, trabajando en el guion de la película.
Cine Swahili
marzo 9, 2009
Don Faustino, que comparte piso con Don Vicente (vicepresidente electo de la escalera), se ha presentado en nuestra casa, por supuesto con su túnica azafrán y su carpeta azul de audiencias semanales, justo a tiempo para evitar el linchamiento público de Benito, el administrador de fincas, y con la solución al grave problema de tesorería que está pasando la escalera.
El problema es financiero, el señor Grabulosa, nuestro espía, ha descubierto un descuadre en las cuentas de doscientos treinta euros, que según todos los informes que maneja, se los habría quedado el administrador y está el patio revolucionado.
Mi madre ha puesto el grito en el cielo y grita como una fiera que lo que debemos hacer con Benito, el administrador de fincas, es colgarlo por los pies del castaño de la plaza Manila y dejarlo hasta que se lo coman las hormigas. Doña Federica está de acuerdo con mi madre y ha ido a la tienda de la Blasa a comprar un par de metros de cuerda. La Blasa le ha dicho que no vende cuerda, que para eso están las ferreterías, pero se le ha expuesto el caso y dice que no nos preocupemos que ella pone la cuerda y si hace falta nos la regala un tazón de mermelada.
Eso habrá que verlo, soltó mi madre, llamando a la puerta del presidente Obama. El presidente no está por la labor de colgar a nadie. Nos comunicó que había entablado conversaciones con Benito y que éste tenía intención de saldar su deuda.
Nos faltan doscientos treinta euros, repetía mi madre, yendo y viniendo por la alfombra del pasillo como una leona enjaulada, nos faltan doscientos treinta euros, decía apretando los dientes. Y en un rapto de locura cogió la escopeta de perdigones, dispuesta a darle una perdigonada en el ojo a Benito, iba a abrir la puerta, cuando Don Faustino tocó el timbre y puso remedio a la inevitable masacre.
Convertiremos el antiguo despacho del señor Grabulosa en un estudio de doblaje, dijo Don Faustino entrando en casa con una sonrisa de oreja o oreja y un brillo sospechoso en las pupilas.
Por lo visto, una concejalía del ayuntamiento reparte subvenciones por doblar películas al Swahili. Y la idea de Don Faustino es doblar los grandes éxitos del cine que ha dado el barrio para hacer frente al descubierto del banco.
Don Vicente habla Swahili y se ha prestado a traducir los guiones, pero Don Faustino dice que no hará falta, en la Generalitat nadie habla Swahili, así que, no hay que perder el tiempo en tonterías. La subvención nos la van a dar sí ó sí.
Yo le veo alguna laguna al plan, seguramente sería mejor rodar una nueva película en Swahili, pero en la escalera están encantados y se han olvidado de Benito, del castaño y de la cuerda. Y la idea de aprender una nueva lengua me seduce, así que, le he pedido a Don Vicente que me de unas clases.
Sergi Navarro, aprendiendo Swahili con Don Vicente.
Niños DiCaprio.
marzo 4, 2009
Mi madre está indignada, la tele ha dicho que una clínica de los EEUU ofrece a los futuros padres (con buenos billetes en el bolsillo) niños a la carta. Mamá está fuera de sí porque estas cosas no las tiene que decidir nadie y que si un padre no da la talla o una señora no es capaz de tener hijos, pues que se compren un perro, o hagan un viaje por Castilla,o que se hagan baños con sal, sólo Dios, el católico entiendo, puede intervenir en la reproducción de las especies.
El hombre ha intervenido siempre en la reproducción de las especies. Pero es cierto, existen diferencias entre criar cabras en el pueblo y traer al mundo un niño a la carta. Que, por otra parte, no deja de ser un eufemismo de niño rubio, ojos azules, extremadamente simétrico, escuálido, cabellera al viento, piel lechosa y voz profunda.
Niños DiCaprio, dice Oriol. Y si lo piensas bien, es un acierto, añade. Seguro que mejora la especie si nos parecemos a DiCaprio. Seríamos más felices, dice Don Vicente, que está en casa arreglándole el reloj de cuco a mi madre.
No sé yo. Porque, ¿cuánto cuesta ser un niño DiCaprio? Y si todos no podemos ser DiCaprios, ¿se dividirá el mundo entre Alfredos Landas y Leonardos DiCaprios? Y si bajan los precios los de la clínica y todos podemos ser DiCaprios, ¿no sería mejor, entonces, ser Alfredo Landa? Porque, ¿a qué es igual Belleza a simetría o a singularidad?
No lo sé, me dice Oriol. Pero, ¿qué quieres decir, que en el futuro y si todos somos DiCaprios el papel del remake de Titanic se lo darán a Alfredo Landa? Ganaría credibilidad, apunta Don Vicente, haciéndole ojitos a mi madre.
Hombre, si todos somos DiCaprios, no tengo ninguna duda de que serán los Landas los elegidos por las grandes productoras.
Sergi Navarro, discerniendo entre los Landas y los DiCaprios.
Elecciones, ganan los espías.
marzo 2, 2009
Las comunidades vecinas, obnubiladas por la fiesta de la democracia, han convocado elecciones. Y la verdad es que la cosa ha cambiado bastante.
Don Ramón, el del primero C del 33 de la calle Sagasta y presidente de su escalera toda la vida, democrática se entiende, es ahora el vicepresidente porque Don Amador Bernabéu, vicepresidente hasta ahora, ha ganado las elecciones por margen de dos votos y hubiera sido de tres, el margen se entiende, si la comunidad no hubiera rechazado el voto por correo de su primo, Don Amador, que vive en Cuba; pero pasa con su familia los días señalados de Semana Santa. Así, Don Bernabéu es el nuevo presidente y ya ha prometido que pedirá presupuesto para pintar la escalera de azul celeste y cambiar los rodapiés como decía su programa electoral.
Don Patricio, el del quinto cuarta del 321 de la calle Mayor, ha vuelto a ganar las elecciones después de una campaña de desgaste que plantearon en su contra. La intención de voto era una incógnita, pero el bajo índice de participación y que prometiera TDT gratis para todos los vecinos, le ha supuesto ganar las elecciones. Ha barrido a Doña Genoveva, la del tercero B a la que, claramente, le falta carisma, o eso dicen los vecinos y saludar en el ascensor, que no saluda, como se comenta en el hogar del pensionista.
Doña Justa, la del ático del 11 de la Plaza Manila y dueña de la churrería, ha dimitido porque se ha demostrado que ha desviado fondos de la escalera para comprar azúcar de estraperlo y harina del mercado negro empleando los fondos reservados de la comunidad. La ha denunciado doña Remedios, entre otras cosas porque quería convocar elecciones anticipadas y ocuparse de las cuentas de la comunidad, en el hogar se dice que la peluquería le va de pena, se están muriendo las viejas que le iban y las que quedan no la pueden ni ver, por lo que, necesita dinero para tintes y un secador nuevo. La pena de Doña Remedios, la peluquera, es que ha perdido las elecciones o lo que es lo mismo, las ha ganado Doña Justa en presidio. Y ha sido su hija la que se ha hecho cargo de las cuentas y de la churrería entre los vítores de la mayoría de vecinos, que prefieren churrera conocida que peluquera por conocer.
El señor Grabulosa, el espía que contrató Doña Federica para controlar nuestra comunidad, ha presentado a mi madre y a Don Obama, el presidente de la escalera del primero, un informe detallado de la nueva balanza de poderes para diseñar los pactos de futuro. Luchan por conseguir que las comparsas de Moros y Cristianos pasen por la calle de Rodrigo de Maeztu y no por el Bulevar del Pla.
Qué más da que pasen por una calle o por la otra, me dice Oriol por el chat del Facebook. Sencillo, le contesto, a Doña Federica le encantan las fiestas de Moros y Cristianos y mi madre, que ha aparcado el Zen debajo de la cama, quiere fastidiárselas a toda costa. Si quiere verlas que salga a la calle como todo el mundo. Y en esas estamos. Estoy convencido de que las presiones del lobby de mi madre y Don Faustino no surtirán efecto alguno y las comparsas seguirán donde están, pasarán por donde han pasado toda la vida; pero estamos a la espera.
Sergi Navarro, aguardando movimientos estratégicos.
A Doña Federica le conceden el Óscar.
febrero 24, 2009
Una semana de penurias nos ha supuesto llegar a casa. Siete días vagando por carreteras, caminos y veredas cantando canciones de la Trinca, alguna de Albert Pla, en los pueblos más amables que encontrábamos para sacar unas perrillas con las que comprar algo de pan y un poquito de chocolate con los que obtener las calorías necesarias para no sucumbir y mantenernos firmes en nuestro empeño de regresar a casa.
Nuestro periplo ha sido duro; pero beneficioso. Estamos muy agradecidos al amo del banco que se ha quedado con el dinero de mamá, gracias a él Don Vicente y Don Faustino son grandes amigos y mi madre se ha convertido, gracias a unas clases que le impartió un camionero en una gasolinera, a la doctrina Zen.
Como para mi madre lo más importante es la adecuada orientación de los espejos, Don Faustino y Don Vicente se han acostumbrado a caminar juntos, a hacerse los coros, a compartir el compás y el chocolate, a dormir juntos, se han hecho inseparables. La última noche comprobé atónito como Don Faustino le cubría los pies a Don Vicente con su túnica azafrán para que no pasara frío, mientras su nuevo compañero de piso, ahora comparten el tercero en plan Friends, le pasaba la mano por la cintura y se acurrucaba junto a él, haciendo la cucharita.
A mamá no le importa que sean amigos, el Zen le sienta fenomenal, está mucho más tranquila. Tan calmada que subió incluso al ático para felicitar a Doña Federica. La academia de Carolinas le ha concedido el Óscar del Barrio por su papel en Victoria Carmen Santa Pola, cambiaron El Pla por Santa Pola porque suena más cosmopolita, y todavía con el polvo del camino en los zapatos subió para brindar con una copita de sidra por el premio obtenido y tantísimos años de convivencia.
Qué maravilla el Zen. La noticia que en otro tiempo nos hubiera mandado derechitos al calabozo, ahora es motivo de alegría. Por cierto, a nuestro juez le han instado a devolver la pantalla de plasma, por lo visto, los ratones que presentó no estaban en regla o no tenía licencia para cazarlos, no está del todo claro todavía, lo están discutiendo. Mientras tanto, debe devolver la pantalla de plasma y buscarse una ocupación, claro está, no relacionada con la judicatura.
Sergi Navarro, adentrándome en el Zen.
Botín Ninja
febrero 17, 2009
Nuestro primer Bolo como Hermanas Sister Brothers en Agres no fue del todo bien. En el hogar del pensionista solo interesaba el conjunto de ropa interior que lucía mi madre y esto a don Vicente no le sentó del todo bien, para él La Trinca es un referente. A mi madre le importa poco la Trinca, a ella solo le ocupa el éxito entre los ancianos. Y fue tan descomunal que el abuelo del alcalde, Manolito, nos pidió seis bises antes de invitarnos a pasar la noche en su casa.
Cenamos dos trocitos de queso y un sorbito de mistela. Don Vicente juró no dormir en casa de Manolito, se comía a mi madre con los ojos, pero el anciano prometió montar un mega karaoke en la plaza del pueblo con el que podría cantar La Patata y Don Vicente acabó retractándose de sus palabras. La Trinca es La Trinca.
La frugalidad de la cena nos regaló una noche plácida y envolvente. Por la mañana y ataviados con las galas del espectáculo, no contábamos con más ropajes, nos acercamos al único banco del pueblo. Necesitábamos dinero para volver a casa en el Alsa de la tarde. Habíamos contratado quince euros por barba por la representación en el hogar del pensionista, pero como la crisis se nota más en los pueblos, nos pagaron con un par de salchichones, unas vueltas de chorizo, y unas lonchas de mortadela con aceitunas.
En la ventanilla del banco, el ventanillero nos miró de arriba abajo y preguntó qué se nos ofrecía. Se apercibía muy a las claras que no se sentía cómodo tratando con artistas. Dinero para el Alsa, contestamos a la vez, haciéndole una gracia. Y el pequeño banquero se alisó la corbata, se abrillantó la calva y soltó una risotada a lo Béla Lugosi que llegó a las eras más apartadas donde descansaban los arados. El hombrecito nos regaló una mirada de desprecio, se levantó de la silla y nos invitó amablemente a salir de su oficina. No había dinero en caja y era la hora de su cafelito. Buen viaje, se despidió, doblando la esquina.
El dinero de la pensión de mi madre no existe y como el chófer del Alsa no acepta mortadela para pagar el billete, debíamos regresar a casa andando. Cómo está el mundo, siempre pagamos los mismos. No sé de qué te sorprendes me dice Oriol por el Facebook. Botín es un Ninja por eso no paga. Pero los Ninjas no éramos nosotros, le contesto. Todos somos Ninjas, replica, la cuestión es definir el grado de Ninjismo. Habrá que repartir cinturones.
Sergi Navarro, preocupado por el cinturón Ninja de Botín.
Los niños del Athletic
diciembre 18, 2008
Me lo dijo Oriol por internet el otro día y, como casi siempre,tiene razón: “Una de las mejores formas de empezar con buen pie el día es ver a estos chicos cantando el himno del Athletic”
Después de verlo ciento cincuenta veces ( seguiría viéndolo si no tuviera un mensaje de Oriol) se me ocurre una pregunta.
¿Qué ocurre en este país? ¿Es posible que unos niños del Congo sepan más Euskera que el noventa y nueve por ciento de la población Española?
Hemos hecho la encuesta, y: Sí, los niños saben más Euskera que la inmensa mayoría. ¿Qué podemos hacer?
Hay que comprarse un diccionario. Hay que aprender auque sea un par de palabritas más de las que oímos constantemente en el telediario.
Le dije a Oriol que quería comprarme uno, pero él ya lo tenía en casa. Es que tiene de todo. Es un sol.
Llevábamos un par de horas revisándolo y nos dimos cuenta de que: ETA significa Y, que Kale es Calle, que Basauri está en el mismo Bilbao, según los vascos las olimpiadas del 92 fueron a las afueras, es de decir cerca de Barakaldo, de donde es el bueno de Clemente, que también aparece en el diccionario y que, por lo visto, pronto optará a Lehendakari, Clemente es amigo de Guardiola que pronto optará a President de la Generalitat; ahora el President es un tal Montilla que es Català de Iznájar, Córdoba, como el padre de Oriol, que vive en Badalona como mi padre. Somos vecinos de padre y de Presindent de la Genaralitat, qué maravilla.
Estoy tan contento, no sólo nos une el Facebook, también su diccionario de Euskera, Guardiola, Barakaldo y el presidente Montilla. Tenemos que montar una cyber cena ya, UNA CYBER CENA, YA.
Sergi Navarro, en algún lugar lejos de Oriol,
en algún lugar lejos de Santa Pola.
Ir a IKEA o no ir, that’s the Question
diciembre 20, 2008
Bueno, bueno, cómo se ha puesto mi madre cuando le he sugerido, sugerido, que deberíamos encontrar otro día para ir a IKEA, que no sería muy ético ir en domingo (hay que pensar en los trabajadores), cuando le he insinuado, insinuado, que cualquier día entre semana es bueno para ir a cambiar los tiradores de los armarios de la cocina. Cómo se ha puesto.
Tú no quieres a tu madre, ese amigo tuyo del cacharro ése (ordenador) te está sorbiendo el seso. Yo te he dado la vida. ¿Qué haces en esta casa, si no es para estar conmigo cuando te necesito? ¿Qué quieres de mí?
¿Qué quiero de ella? He dejado que se explayara, naturalmente (es mi madre), y ni siquiera me he atrevido a mencionar que los tiradores de los armarios de la cocina están perfectamente, que no necesitan cambio. Se hubiera puesto hecha un basilisco y he capeado el temporal como buenamente he podido. Qué maléfica atracción tiene IKEA para mi madre, si por ella fuera pasaría alli la vida entera siguiendo el caminito de oro.
Hay que reconocer que las croquetas suecas están rícas, sí, y las empanadillas tienen su qué; pero dar la vueltecita una y otra vez, rodeado de tiradores para el baño, tiradores para el dormitorio de matrimonio, para el dormitorio del niño, de la niña, tiradores especiales para la oficina, para la caseta de herramientas, tiradores para el despacho, para la cocina, como un hámster enjaulado, ¿qué sentido tiene? Si con una vueltecita cada dieciocho meses es suficiente, ¿por qué mi madre necesita ir cada dos semanas? Y, lo que es peor, ¿por qué es preciso que la acompañe? Si no me hace caso, si mi opinión no cuenta y, además, hay carros y son capaces de llevártelo a casa, que lo tienen todo pensado. ¿Por qué tengo que ir con ella si nunca compramos muebles con más de dos tornillos porque somos incapaces de montarlos?
Me gustaría hablar con Oriol, quisiera pasar un ratito con él; pero no me atrevo. Sé que acabaríamos hablando del tema, a él no le gusta nada IKEA y menos un domingo, sé que se enfadaría y, por nada del mundo, arriesgaría nuestra amistad Facebook. Antes me emancipo.
Sergi Navarro, apesadumbrado por tener que ir a IKEA un domingo.
Mamá me presentó a niño de San Ildefonso
diciembre 22, 2008
Esto no lo sabe nadie, pero mamá me llevó con pantalones cortos en pleno mes de diciembre a hacer la prueba (hoy cásting) a niño de San Ildefonso.
A mi madre le encanta pasarse el día de hoy frente a los tres televisores que coloca en su cuarto, armada con una ristra de ajos, una estampa de Santa Rita de Cascia (patrona de los imposibles) y una botella de Freixenet en la mesita de noche, por si toca.
Pero nunca toca, entre otras muchas cosas, porque no juega. Mamá dejó de creer en la lotería de Navidad el día en el que el director del colegio de los niños de San Ildenfonso nos invitó, amablemente, a que cogieramos el tren de vuelta, a la voz de: no puedo perder el tiempo con un par de Extravagantes (freakis de la época).
Mamá lo había preparado todo. Compró los billetes de tren, me vistió como niño de la lotería, hizo tallar en la carpintería del barrio dos bolas con el número que se jugaba en casa el 281263 y otra con 175.ooo, no queríamos más, lo justo para que mamá se arreglara la cocina, y nos fuimos a Madrid en plan Paul Newman y Robert Redford, a dar el gran golpe.
Su idea era, más o menos, retener a uno de los niños en su camarieno, yo me haría pasar por él, sobornar al compañero para que sacara la segunda bola, 175.ooo, reclamar el dinero del premio, o en su defecto un pequeño rescate por la criatura, y volvernos a casa en el tren de las cinco, esa misma tarde.
Por supuesto, el golpe nos lo dio el director del colegio. Don Indalecio, que nos vio venir, nos invitó, (como he dicho) amablemente, a ver el espectáculo, sentaditos y sin montar jarana, en la única butaca que quedaba libre en el salón de sorteos.
La butaca no estaba ocupada porque al lado había un señor con gafas oscuras, que vestía un traje hecho de antiguas papeletas bordado en hilo de oro, con el que nadie quería tener trato.
Por supuesto, no nos tocó ni la terminación; sin embargo, mamá se llevó el premio gordo. El vecino, aprovechando la algarabía, las rondas de vino, la emoción del momento, en un despiste, le plantó un beso en los morros a mi madre, y ella, haciéndose la confundida, se dejó besar, mientras le arrancaba una de las papeletas. Algo sacaríamos, no volveríamos a casa con las manos vacías.
Mamá no ha vuelto a jugar a la lotería. Pero desde ese día ve todos los sorteos, no se pierde uno. Y lo ve a la vez en todas las cadenas, en las tres teles que tiene, se traga todos los resúmenes, todos los telediarios, todos los especiales, escucha todas las emisoras de radio; siempre dicen lo mismo, emiten imágenes repetidas; pero a ella le da igual; con la usada papeleta entre manos y la estampa de Santa Rita, busca al vecino entre la multitud, al hombre que le plantó un beso en los morros el día del sorteo, a su amor fugaz de Navidades.
Sergi Navarro, viendo de nuevo con mi madre el sorteo.
Cómo superar la resaca post-San-Ildefonsil
diciembre 23, 2008
Oriol, después de unos días sin hablar conmigo, el facebook no va todo lo bien que debiera, me manda una canción para empezar con buen pie y superar la matraca de los niños, los números, los telediarios, los miles y miles de euros (que solo le tocan a Paco), el cava, y los especiales en televisión. El objetivo es levantar el ánimo.
Oriol dice que cada uno escuchara lo que quiera, pero que Kavafis, el ideólogo, habla de la vida como periplo, Itaca como meta. Según Oriol, Itaca es nuestro final, la muerte, pero que el camino debe ser largo y no hay que tener prisa por llegar, no hay que correr por conseguir una porción de arena y colocar las toallas, la nevera, las sombrillas y el transistor. Itaca es otra cosa.
A mi madre no le gusta mucho, dice que Itaca está muy lejos, que piense en sacarme las oposiciones a administrativo del ayuntamiento y que deje de una vez el cacharro (ordenador), está harta de verme sentado, perdiendo el tiempo con mi amigo. Está dolida, este año tampoco ha visto a su amor de Navidad, se le pasa el arroz y se le escapa el señor del traje.
Con mi amigo invisible del Facebook, Oriol, la cosa va bien. Eso sí, no le he dicho que el domingo estuvimos en IKEA. No me lo hubiera perdonado nunca, para mi descargo, decir que mamá y yo sólo estuvimos paseando, no compramos nada, lo único, nos dejamos invitar a un par de croquetas con zumo de zanahoria y un batido de postre. El chico de la cafetería lo regalaba, imagino que, como represalia contra los patrones. Y si se trata de comer de gañote en casa siempre hemos sido muy sindicalistas. A las barricadas.
Sergi Navarro, en busca de Oriol
Los clones de la semi-deidad Varela
diciembre 29, 2008
Serían las cinco de la mañana, estaba dormido profundamente (había estado hablando con Oriol toda la noche por el Messenger) y no podría precisar, cuando entró mi madre en mi cuarto, le dio una patada al somier de muelles y a grito pelado me levantó de la cama como un cabo furriel se desquita con la tropa.
- Nos vamos a Madrid -me dijo. -Nos pagan el viaje en autobús y tres bocadillos de chorizo. Y como sé que te hace mucha ilusión.
Por lo visto, a la salida de la misa del gallo en la Concatedral le regalaron a Mamá dos viajes a Madrid con derecho a seis bocadillos de chorizo. Y como sabe que me hacía mucha ilusión visitar el parque del retiro, dar un paseo en barquita, entrar en el Museo del Prado, ver las Meninas y El jardín de las delicias, acercarnos al Edificio Capitol, y colgarnos del cartel de la Schweppes; pues ni se lo pensó y allá que fuimos.
Después de siete horas y media de periplo (el autocar estaba hasta la bandera de viejitos con ganas de hacer pipí cada quince kilómetros), después de comernos los tres bocadillos de pan revenido, después de repetir hasta la saciedad los clavelitos de la mocita y los labios de miel, llegamos a la capital, y cuál fue mi sorpresa cuando me vi en los escuálidos bracitos de Monseñor Antonio María Rouco Varela, Oriol le llama la semi-deidad Varela, y no en los formidables, orondos, ciclópeos y rosáceos brazos de las estupendas amantes de Rubens.
Mientras mamá coreaba con la multitud las palabras del profeta, yo intentaba pasear mentalmente por las galerías del Museo de Prado, procuraba saborear un cocido madrileño, mentalmente, entre vítores a la semi-deidad Varela e insultos a ZP, porque se está cargando la familia, o me remangaba el chubasquero, mentalmente, para disfrutar del agua del parque del Retiro.
Acabó el acto, nos dieron un vasito de chocolate y dos porras, nos metieron en el autocar y nos facturaron de vuelta, otras siete horas y media. Algunos querían visitar el Valle de los Caídos, pero el chófer, que no estaba para gaitas, para Valles, ni para Caídos, nos administró una ristra de películas del bueno de Jean Claude Van Damme para que los viejitos (a lo que todavía les quedaba voz) no volvieran a cantar los clavelitos.
Entre película y película se me ocurrió una idea que compartiré con Oriol esta noche: si el sexo es malo, si el sexo es pecado, si el sexo es la perdición del mundo y debemos vivir como la Sagrada Familia de Nazareth, ¿por qué no nos reproducimos por esporas como los helechos? ¿Por qué la semi-deidad no habla con Él y cambiamos de método?
Simplemente es una idea que se me ocurrió entre película y película de Jean Claude Van Damme, espero no molestar a nadie.
Sergi Navarro, por fin visité Madrid, 28/12/2008.
Resaca-Finañera
enero 2, 2009
Antes de empezar, decir que no salí en Fin de año. A mi madre no le pareció buena idea.
Había comprado, más por curiosidad que por otra cosa, la entrada a una fiesta que organizaba el nieto mayor del Señor Vicente, el vecino de toda la vida de mi madre, el que nos arregla el transistor cuando se estropea, para acercarme un rato después de las uvas.
La idea era, ver las campanadas, acostar a mamá, darle el beso de buenas noches y salir a dar una vuelta. Todo el mundo lo hace en fin de año y a mí, me hubiera gustado probar. No lo he hecho nunca.
La cosa iba bien; pero se torció cuando le enseñé la entrada. Eran las doce y media, hasta entonces la cena había transcurrido plácidamente, pero fue ver la entrada y entrale unos extraños mareos de los que no se recuperaría nunca y que amenazaban con llevarla al otro barrio.
La metí en la cama, me acurruqué junto a ella, me cogía con fuerza la mano. De hoy no paso, repetía, tiritando. Le pregunté si le había sentado algo mal algo y me dijo que la sidra. Pensaba: ¿ que es lo que te ha sentado mal, Francisca? Y se le venía la sidra a la cabeza.
La sidra es muy traicionera, le dije. Pero el caso es que no bebimos ni una gota de sidra. Cenamos un poquito de sopa, un poquito de pan con paté la piara tapa negra, y un muslito de pollo a la plancha, con todo ello, nos bebimos dos zumos de tomate, no probamos una gota de alcohol, ella porque no le dio la gana y yo porque no bebo nunca.
Cuando le hice ver que no había tomado sidra, me contestó que no necesariamente tenía que ser la sidra de esa noche, que una toma algo y no sabe cuándo le va caer mal en el cuerpo, que el cuerpo humano, y más el de una madre, es muy traicionero y ahí me tuve que callar.
En la habitación de mamá hay una gran ventana desde la que se ve toda la calle. Y me asusté tanto que, la verdad, no puse mala cara por tener que quedarme en casa por culpa de una extraordinaria intoxicación por sidra jamás tomada. Por el paseo, todo el mundo iba tan encorbatado, tan peinado, tan engominado, tan trajeado, tan dispuesto a lucirse que, haciendo un somero repaso a mi fondo de armario, aprecié que no hubiera durado un minuto en la calle, que donde mejor estaba era en la cama de mi madre la noche de fin de año.
Una reflexión me dejó el fin de año: ¿Qué extraño poder emana del lazo de una corbata azul marino capaz de convir en príncipe al campesino y en caballero andante al vendedor de pisos?
Sergi Navarro, sin resaca, sin corbata y sin fiesta de fin de año.
Regalos invisibles para el Facebook
enero 5, 2009
Oriol está en contra de la Navidad, Papá Noel, Los Reyes Magos, Belén y La Familia Sagrada. No quiere subir en la ola consumista que recorre el mundo estos días y me ha prohibido que le regale un cassette de La Trinca, Tots Som Pops, que encontré buscando mucho en una gasolinera entre Valencia y Catarroja y que ya tenía comprada, sin él saberlo.
Me sorprendió encontrar algo que tenga que ver con Cataluña cerca de Valencia, pero lo encontré. Sin embargo, un día antes de mandarle a Oriol su regalito de Reyes, me dejó muy claro en un mensaje de Facebook, que no se me ocurriera comprarle nada, regalarle nada, ni siquiera felicitarle el año nuevo. Por cierto, él lo pasó diseñando lo que será su bonsai en unos años. Recuperó, que es un término muy de bonsaiglobal, un cepellón de olivo joven que iba a ser digerido por una obra nueva en Santa Pola, por lo visto, todavía hay incautos que siguen construyendo en Levante, y lo ha plantado en una maceta Pre-bonsai, o algo así me dijo, para cuidarlo, verle crecer, regarlo y mimarlo.
No nos regalamos, hemos quedado que nos enviamos fotos de lo que nos hubiéramos regalado, FOTOS-REGALO, así no consumimos, no nos subimos a la ola, y vamos un poquito en contra del sistema. A Oriol le va eso de ir contra el sistema y yo lo respeto porque es mi amigo, aunque hubiera preferido mandarle el cassette.
He intentado devolver la cinta en la gasolinera entre Valencia y Catarroja donde la compré, pero se han hecho un poquito los suecos. Así que, le he enviado la foto de la carátula y Oriol me ha regalado ésta.

Me dice que es el desayuno que un día me preparará en su casa y que está deseando compartir conmigo.
Qué bonito, ¿verdad? Fotos-regalo para todos.
Sergi Navarro, lejos de los desayunos de Oriol.
Los Reyes del Oriente
enero 7, 2009

Ayer encontré en la puerta de mi cuarto un post-it, una pegatina amarilla que traen los reyes, a modo de vale. Creo que los Reyes del Oriente, a parte de los Israelíes, en realidad se metamorfosean en mi madre. La nota que me dejaron, por lo menos, tenía su letra.
Querido Sergi, te dejamos un vale de 30 Euros para que te compres un Hemy-Sync, sólo para eso.
Un Hemy-Sync, lo busqué en Internet antes de quedar con Oriol, es un aparato de última generación, que funciona con ondas encriptadas que inciden directamente en el cerebro y que es capaz, gracias a su incréíble tecnología, de Super-Desarrollarte la memoria, convirtiéndola en Super- Memoria, Super- Sanarte- Espiritualmente, llegando a alcanzar la Super-Inmortalidad, espiritual entiendo, Super-prepararte para el Super-Viaje-Astral, o Viaje definitivo, y Super-Entrenarte para obtener el Megabrain, que debe de ser un cerebro enorme, del tamaño de la catedral de Burgos, imagino.
El aparatito sólo cuesta cuatrocientos euros y los Reyes me dejaron un vale amarillo de treinta pegado en la puerta del cuarto. Así que, me quedaré sin Super-Desarrollarme, entre otras cosas, porque no entraría en casa con un Super-Cerebro-Super-Mega-Desarrollado.
A los Reyes del Oriente no creo que les interese demasiado verme convertido en un Genius, intuyo que con aprobar las oposiciones al ayuntamiento se darían con un canto en los dientes. Pero para no desilusionarlos voy a hacer un apaño con un viejo Walkman que tengo guardado en un cajón y un antiguo estetoscopio de una vez que mamá me disfrazó de médico de cabecera. Para que me vean Super-Desarrollandome en casa mientras hago las lentejas o limpio la cocina.
Sergi Navarro, en la senda del Genius.
Esto a La Chacón no le pasa.
enero 9, 2009
El otro día nos reunimos los vecinos en casa de Vicente, el señor que le arregla el transistor a mi madre, y hubo movida por mis zapatillas a cuadros.
Está haciendo un frío digno del cuéntame y se ha estropeado la caldera. Además, los del cuarto, Moha y Moisés, unos vecinos que viven puerta con puerta y están todo el día haciéndose la vida imposible, dejan la basura uno en la puerta del otro, se tiran las pinzas de la ropa, cuando fríen sardinas dejan la ventana abierta, llegaron al límite el otro día. Moisés dejó a Moha encerrado en el ascensor toda la mañana y apagó la luz para que no pudiera llamar al timbre. Y claro se convocó una reunión extraordinaria de vecinos.
Mi madre nunca asiste a estas reuniones, solo se habla con Vicente y ya no va. Eso sí, me ha dado poderes para que sea yo yo el que acuda. Poderes notariales porque doña Federica, la del séptimo, no me aceptaba en las reuniones si no era con un papelito firmado por un notario. Doña Federica siempre ha sido muy suya. Tiene más dinero que pesa y hace marcar el paso en la comunidad.
A las siete y media y con el poder notarial en la mano toqué a la puerta de Vicente. Es el vicepresidente y por eso las reuniones son en su casa, Doña Federica es la presidenta honorífica. Allí encontré a casi todos los vecinos, sólo faltaban mi madre y Don Moisés, que no quiso asistir sin un mediador del ayuntamiento. Todos iban abrigadísimos: chaquetas sobre chaquetas, polares, gorros, bufandas, orejeras y guantes. En casa de Vicente, como no da el sol en todo el día, hace más frío que en la de mi madre y como me sabía la lección, aparecí en el hogar del vicepresidente armado con mis zapatillas a cuadros de estar por casa, las más calentitas que tengo, acompañadas por dos pares de calcetines térmicos, que causarón sensación entre los vecinos.
Saludé amablemente a mis convecinos; pero doña Federica, indignada, no dejó que tomara asiento. Antes de asir el respaldo de la única silla libre que quedaba, la señora, después de colocarse las gafas y observar con desdén mis zapatillas a cuadros, se levantó de su asiento hecha una fiera.
- Es un atropello. -Oí que decía junto a la puerta- A una reunión de vecinos hay que venir presentable -añadió, sacando espumarajos por la boca-. Gentuza.
Doña Federica, al parecer, había impugnado la reunión. Intenté excusarme, pero antes de que pudiera hacerlo, los enfurruñados vecinos en una fila de abrigados mamuts desaparecieron de casa de Vicente.
La reunión fue boicoteada por unas zapatillas a cuadros de estar por casa, seguro que esto a la Chacón no le pasa. Seguimos sin caldera, hace un frío que no es normal, Moha le ha robado a Moisés las cartas del ONO y se ha pasado toda la mañana informando de las películas subiditas de tono que ha visto el vecino en el OJO estos últimos treinta días, se acerca la guerra del cuarto, el fin del mundo, se están helando las cañerías, y yo sigo buscando calzado para la próxima reunión.
Sergi Navarro, buscando zapatillas de estar por casa.
Mi madre es una Ninja
enero 12, 2009
Doña Federica ha dado el visto bueno y, por fin, han venido a arreglar la caldera. Pero, como unos rusos que regentan una destilería no muy legal de vodka, la llaman Bada Bing, o algo parecido, han hecho un empalme en nuestra llave de paso, no nos llega el gas y seguimos sin calefacción.
El edificio está que se cae, pasamos un frío aterrador en invierno y un calor de sabana en verano y queremos cambiarnos de casa; pero no podemos porque, según Oriol y un tipo llamado Leopoldo Abadía, somos una familia de Ninjas o algo por el estilo y el del banco, a día de hoy, no nos va a dar una hipoteca. Mi madre tendrá un pronto malo, que no lo discuto, pero de ahí a decir que es una Ninja, que somos una familia de Ninjas, hay un mundo.
Llevo unos meses midiendo y anotando la temperatura del piso con relación al consumo energético y las cuentas no salen. Dicho de otra manera, lo que gastamos en el gas butano de la estufa y en el de la calefacción, cuando funciona, y en la electricidad de los seis ventiladores que ponemos en verano, en relación, con el calor y el frío que tenemos en casa no nos compensa, es preferible comprar una casa nueva.
Queremos cambiar de piso, ir a otro más pequeño, donde gastemos menos y mamá pueda conocer a nueva gente y hablarse con ellos por lo menos unos meses. Una pisito soleado en invierno y ventilado en verano. La idea es vender el nuestro, comprar otro, pedir una pequeña hipoteca y cambiar de vida; pero el del banco no nos deja. Dice nuestro director que, aunque somos clientes de toda la vida, con la pensión de mi madre no nos llega. Que no hay cambio, que ha pasar frío y calor, porque es lo que nos toca.
Yo no lo entiendo, si los créditos estaban tan bajos, ¿por qué ahora, cuando lo necesitamos, no nos dan el dinero? Pero, por lo que dice Oriol, la cosa está clara: “somos unos ninjas y ahora a los ninjas no se les presta dinero”
Por supuesto, a mi madre no le he dicho nada sobre el tema. Se entera de que un tal Leopoldo Abadía va llamándola Ninja por la teles de todo el país y monta un dos de Mayo de no te menees. Además, Oriol, que siempre sale con un termómetro en el bolsillo, me comenta por el chat del Facebook que lleva haciendo mediciones desde hace mucho más que yo y que no me preocupe, que la cosa no tiene arreglo, que cambiando de casa no solucionaría el problema. Que aunque sea un Ninja el frío no me lo quita ni el del banco, ni doña Federica, ni el Zapatero del quinto.
La cosa pinta mal, el frío y el calor igualan al mundo. Así que, habrá que hacer acopio de mantas en el rastro, porque el gas se lo siguen quedando los del Bada Bing para su Vodka y a ver quién se mete con ellos, para pasar de la mejor manera el invierno y , esperando agradecidos una buena ola de calor que nos cambie de barrio, comprar ventiladores en verano.
Sergi Navarro, desde la Tundra, lejos de Santa Pola.
De Islas paradisíacas y asambleas amañadas
enero 14, 2009
He hablado seriamente con Oriol y nos vamos a Hamilton, una isla paradisíaca en Australia donde viven unos pobres peces que necesitan a un ser humano allí que les haga y ponga la comida todos los días, que regule el agua de los corales, que riegue los cocoteros, que ayude a los pajaritos a hacer sus nidos, un ser humano que haga un par de fotografías diarias, escriba un cuaderno de bitácora, cuide y se bañe con los delfines y que sea respetuoso con sus vecinos, es decir, que no haga mucho pis y no lave la ropa con fosfatos.
Somos nosotros, le he dicho a Oriol, nos están buscando. Pero Oriol no lo ve muy claro. Me dice por el chat del FACEBOOK que tiene a su cargo a Arnau, un pre-bonsai de olivo que recuperó de una obra en Santa Pola, y que para ir a Australia tranquilo primero tiene que encontrar a una persona de confianza a quien poder dejárselo.
Le he dicho a mi madre que me voy a Australia; pero ella bastante tiene con Doña Federica, me ha contestado, y no me marees. A la presidenta de honor de la escalera le ha dado por pintar de blanco nuclear la fachada del edificio. Pretende convocar una reunión de vecinos clandestina y saltarse los estatutos a la torera.
Y claro, mi madre llamó a su puerta y le dijo que ni lo soñara. Que aquí no se pintaba nada de blanco. Que qué se había creído.
Pero, por lo que cuentan los vecinos, Doña Federica tiene una fijación con pintar la fachada, invoca a la memoria de su padre, el promotor del edificio, y está decidida a llamar a sus siete hermanas, ninguna baja de los noventa años, para que monten lío en la próxima asamblea, amilanar a los vecinos, y salirse con la suya, votando a mano alzada.
Por su parte, mi madre se ha reunido con Vicente, el vecino que le arregla el transistor y vicepresidente electo de la escalera, para idear una estrategia que consiga amortiguar la embestida de la Presidenta de honor y el grupo de Hooligans nonagenario que la acompañará con palos y ninchacos el día de la asamblea.
Lo mejor de esta historia es que Moha y Moisés siguen tirándose a la cara las pinzas de la ropa, siguen poniéndose la zancadilla cuando se ven en la escalera, siguen escondiéndose los felpudos en el cuarto de contadores; pero ya no se nota. A los vecinos ya solo nos interesa la próxima asamblea.
Sergi Navarro, pensando en el video que dará de comer a los peces.
Mamá quiere contratar a un tal Nanín
enero 15, 2009
Doña Federica ha metido en casa a sus siete hermanas del pueblo para amedrantar a los vecinos y conseguir pintar de blanco la fachada del edificio. Mi madre, que no es manca, ha contraatacado, contratando los servicios de un soldado de fortuna, un tal Nanín, así se le conoce en el mundillo, que es de lo mejorcito que se puede conseguir, o eso ha dicho la Blasa.
Antes de ir donde la Blasa, mi madre se allegó al quiosco de la plaza Manila para comprarle a Don Ignacio, nuestro quiosquero de toda la vida, un ejemplar de la revista Jara y Sedal con la que le regalaron un botecito de cebo vivo. Y claro, cuando llegó a casa con la revista y los gusanos, tuve que reñirla. No estamos para tirar el dinero a lo tonto, le dije, somos Ninjas; además, en Jara y Sedal no iba a encontrar información sobre mercernarios, si quieres algo, búscalo en Internet. Pero se perdió en su habitación y cerró la puerta, sin escucharme.
Cómo conoce el mundo mi madre. Qué mujer. Por supuesto, encontró lo que buscaba. Miles de mercernarios, pero, a ninguno le interesó la idea de atizar a Doña Federica durante la reunión de vecinos o lo que estaba dispuesta a pagar mi madre no cubría sus honorarios. Respiré tranquilo, al final quien va a las reuniones de vecinos soy yo y no ella, pensé que no encontraría a nadie y que tendríamos la fiesta en paz por lo menos unos días. Pero se fue donde Blasa.
La Blasa es dueña de una boutique de complementos para jubiladas con mucha categoría en el barrio, está muy bien relacionada, y enseguida supo lo que buscaba mi madre, conoce bien a Doña Federica. Le habló de un personaje, el tal Nanín, le dio una tarjeta de su organización y le regaló un Dvd para que se hiciera una idea de lo que estaba a punto de contratar.
http://es.youtube.com/watch?v=ZgosIqP3SCs
Os dejo su enlace. No quiero subirlo a la página de Oriol.
Mi madre está encantada, dice que son muy finos trabajando. En cuanto ha acabado el DVD ha cogido el teléfono y ha llamado a la boutique; por lo visto, solo la Blasa puede ponerse en contacto con ellos y le ha prometido a mi madre que concertará una cita.
Hemos quedado frente al cajero del Banesto de la Plaza Pio XII, en una pequeña tienda de ultramarinos dentro de una hora y media. Tenemos que ir vestidos de azul marino. La Blasa dice que nuestro contacto será una monja de paisano fumando un puro; pero que en realidad es uno de ellos disfrazado, pero que es tan bueno el disfraz, que si no estamos atentos, nos será imposible identificarlo, que son los mejores; pero no quieren trabajar para aficionados. Un lío, vamos.
No quiero ir, pero no voy a dejar a mi madre que vaya sola, me lo estaría echando en cara toda la vida. Sin embargo, ¿por qué no podemos tener nunca una junta de vecinos normal, con sus votos a mano alzada o en urna, sus canapés o un poquito de fiambre, sus actas, coordialiadad, talante, buen rollo? ¿Por qué es tan complicado todo? ¿Qué tienen las comunidades de vecinos, por qué no nos llevamos bien si somos muy poquitos?
Sergi Navarro, contratando al tal Nanín.
El tal Nanín ayudó a mi madre.
enero 17, 2009
Ayer le dije a Oriol que las visitas a nuestra página web se habían disparado, creo que por la historia del tal Nanín, le comenté. Pero me sacó del error, me ha dicho que es porque en la Cadena Ser han recomendado nuestra página. Qué poco trabajo tienen los señores de la Ser y mi madre emperrada en que estudie para funcionario.
Mi intención era contar cómo el tal Nanín nos ayudó a derrocar a Doña Federica, la presidenta de honor de la escalera, en la última reunión de vecinos que tuvimos anteayer. Pero Oriol me ha interrumpido con un mensaje Facebook, diciéndome que si estaba tonto. Que a quién se le ocurría. Ahora que somos famosos, continúa su hilo facebook, cuelga un capítulo de tu novela. Aprovecha que estamos en el candelero.
Le he contestado, dándole el número exacto de visitas, que no era para tanto, que no somos tan famosos; pero su respuesta ha sido contundente: Ya les gustaría a los de informativos de la Sexta tener la audiencia que nosotros tenemos.
Pido perdón a los señores de la Sexta y a los de la Cadena Ser, esperemos que lo quebrado por la guerra del fútbol lo una este humilde servidor y, a petición de Oriol, les dejo una insignificante porción de mi novela.
“No blandimos pesadas Tizonas, no gastamos yelmos de oro, no usamos barbas cuidadas y luengas, no reverdecemos en cantares de gesta, no embaucamos al infiel desolado, no violentamos al que arriba del agua, no anhelamos conquistas de arena, no perseguimos azules guerreras, no soñamos multitudes dormidas, no conducimos rebaños de ovejas, no vestimos capas en fiestas, no envidiamos botones de nácar, no ambicionamos estancias repletas, no presumimos de calles y plazas, no nos rendimos a la piedra preciosa, no suspiramos un rincón en la historia, no provocamos la falta en el césped, no anotamos en la larga distancia, no malversamos gomina de estrellas, no peinamos mostacho hirsuto, no azuzamos el odio entre hermanos, no trotamos rocines de nieve, no catequizamos la llanura de oriente, no nos postramos al arcón de Pandora, no prendemos montañas de encinas, no quemamos a brujas sin dientes, no vestimos trajes de moda, no buceamos en piletas de incienso, no mandamos gatos al agua, no devastamos por un puñado de patatas, no profanamos templos perdidos, no liquidamos por cacao y mandioca, no violamos en aviones privados, no cortamos cabezas de sapos, no besamos princesas de cuento, no comemos ladrillos de arcilla, no envasamos gusanos de seda, no pescamos en ríos revueltos, no bailamos el vals de los ricos, no ilustramos incunables robados, no invadimos países de polvo, no construimos chalets en la playa, no aguardamos pesebres de plata, no queremos asfalto de hormigas, no sacrificamos en altares de cielo, no exigimos vivir, sino estamos vivos, no ahorramos en vacunas, algodones o magias.
No son mirlos entre pinares, ni garzas en charcas sedientas, somos héroes, superhéroes, solo eso.”
Sergi Navarro, recordando al abuelo, aprovechando la fama.
Seducidos por el momento Obama
enero 20, 2009
La guerra entre el tal Nanín y las hermanas de Doña Federica en el comedor del vicepresidente electo fue cruenta y salvaje. Y Don Vicente presentó su dimisión irrevocable, al considerar un abuso y un atropello, que lo era, la presencia de aquel sujeto en su casa, sin que nadie le hubiera avisado.
Nanín llegó a las siete de la tarde mimetizado de largaterana (un profesional de los pies a la cabeza), sus secuaces se presentaron uniformados de promotores culturales (antes vendedores a domicilio del Círculo de Lectores), armados con la colección completa de Juan Manuel de Prada, Sánchez Dragó y una versión extendida de en Busca del tiempo Perdido, y dispuestos a llevarse por delante a las siete hermanas de Doña Federica.
Las hostilidades se desataron de inmediato. Lo que a priori sería una batalla desigual, se convirtió en una auténtica masacre por la bravura de las nonagenarias vestidas de luto riguroso, armadas con palos de escoba y las mantillas de punto liadas a la cabeza. Entre Nanín y las señoras convirtieron las dependencias del vicepresidente electo en una reedición conteporánea de la guerra de las Termópilas. Y los vecinos reunidos en junta ordinaria y embriagados por el efluvio de la sangre, tomamos, mal que me pese, partido en la contienda (nunca se lo podré contar a Oriol).
Moha se unió a la facción de Nanín; Moisés se alió con las hermanas; mi madre era de Nanín, por supuesto; pero me recomendó, por el bien de la familia, por si vencía el clan de Doña Federica, que me uniera a las hermanas. Así que, para que no la tomara conmigo, para no oírla todos los días, fui a casa, tomé el palo de la escoba, y me puse a hacer que atizaba a los vecinos subido a la butaca preferida de Don Vicente, que observaba patidifuso el esperpento representado en su casa.
El griterío llegaba hasta la Plaza de los Luceros. Nanín jadeaba en la cocina con dos costillas rotas, mi madre invocaba a la legión con las Sagradas Escrituras en la mano, Moha y Moisés se tiraban los zapatos a la cabeza, Doña Blasa, que le había dejado la boutique a su sobrina, nos grababa con su móvil para colgarlo luego en Youtube y sacar unas perrillas, rememorábamos el Dos de Mayo, cuando la liviana y oscura figura del Keniata del primero nos convirtió de repente en estatuas de sal.
Obama, así se llama el vecino, de complexión ligera y mirada penetrante, corre la media maratón en una asociación deportiva del barrio y debe de ser muy bueno porque en el hogar del pensionista tienen una foto suya colgada en la pared, junto a la de Mario Kempes. Le compró a Don Miguel el primero A, Don Miguel se despidió de los vecinos con una nota en la que decía que no soportaba más vivir con orangutanes y le vendió su casa al nuevo vecino recomendándole de corazón que no la comprara. La figura de Obama, su porte, su mirada penetrante nos calmó como por arte de magia, plantado en medio del pasillo y en un perfecto y armonioso Swahili, nos preguntó, qué ostias está pasando aquí, qué es este alboroto que se os oye desde la calle, si estais locos de atar y dispuestos a tirar a bajo el edificio por qué no poneis una circular en el tablón de anuncios como hace todo el mundo. Qué don de palabra, estábamos patidifusos, su voz meliflua nos había cautivado.
Don Vicente es un erudito, habla siete idiomas, entre ellos Catalán y Swahili, y amablemente nos tradujo el discurso del recién llegado. Obama, sin dar tiempo de reacción a Doña Federica, tomó el pulso de la reunión y decretó una serie de medidas: expulsó de la propiedad al tal Nanín y sus secuaces; invitó a salir de casa del vicepresidente a todo aquel que no tuviera derecho a voto, es decir mi madre y las hermanas; instó a Doña Federica a dejar su cargo honoríficio; exigió a Moisés y Moha la firma de un armisticio; levantó acta de la asamblea y se erigió como presidente de la escalera, sin un voto en contra. En un minuto, había devuelto la paz y la cordura a la escalera.
Oriol conoce al tal Obama. Dice que proviene de una familia bien de Kenia, dedicados a encantar serpientes e imponer las manos. Está convencido de que será una buena influencia para nosotros; pero hay que darle tiempo,debe lidiar con mi Madre y con Doña Federica. Le digo que mejor que estábamos, estaremos. Y contesta que sí, que no es difícil; pero a ver lo que nos dura. Ojalá tengamos suerte.
Sergi Navarro, seducido por el momento Obama.
La toma de posesión de nuestro presidente.
enero 22, 2009
El barrio está revolucionado, los vecinos se allegan a casa en procesión. San Mateo está atestado de gente, en el paseo del colesterol (así lo llaman los del hogar del pensionista) se apelotona el gentío, impacientes y ataviados con sus mejores galas, acompañados por sus mascotas, con un solo objetivo, ver a nuesto Obama jurar el cargo donde Benito, el administrador de fincas.
Se ha montado este lío porque es el primer corredor de la media maratón que en el barrio se presenta a presidente de escalera y saca adelante su candidatura, sin un solo voto en contra, porque si no, no lo entiendo. La gente está entusiasmada. Todos quieren ver como Don Vicente, Doña Federica y yo, cargando el libro de actas de la comunidad, acompañamos a nuestro flamante presidente donde Benito y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y como el otro día fue San Antón, les bendice la mascota.
Doña Federica está que trina, el rellano está lleno de loros, cacatúas, agapornis (pájaros del amor creo que les llaman), pitones, boas constrictor, caniches, San Bernardos, samoyedos, seis pollinos de una granja, dos tigres que le regalaron a la Blasa y un aligator de un policía nacional de paisano. A Doña Federica se le llevan los demonios porque la gente ha entrado en el edificio y el zaguán está que da pena verlo, lleno de cacas de loro y migas de pan duro.
A mi madre tampoco le hace mucha gracia cruzarse con semejante gentío cuando llega a casa, montan escándalo, se hacen pis, se pelean por colarse; tanto perro, tanto gato, tanto vecino, tanto ajetreo, está harta. No le han gustado nunca los animales, pero si se cruza en la escalera con Doña Federica, cambia la cara, acaricia al menino que tenga más cerca o se hace la foto y le da una chuchería por fastidiarla. Cómo es mi madre.
Quien lo pasa mejor es la Blasa, está haciendo su agosto. Como en la calle se le hielan a uno hasta los pelitos de las orejas y los vecinos, por nada del mundo, dejarían su puesto en la cola, ha comprado una de esas cafeteras a cartuchos, las del Clooney, mi madre dice que eso ni es café ni es nada, pero a la Blasa le va de fábula y está vendiendo el Cappuccino sin leche a precio de cabeza de Mero.
No quería ir donde Benito, sin hablar primero con el presidente. Así que, bajé al primero con Don Vicente para preguntarle qué le parecían nuestras costumbres, qué pensaba sobre el revuelo organizado, sobre los pitones, los loros y las cacatúas que le esperaban junto al tablón de anuncios. El presidente me miró a los ojos, arqueó las cejas, se encogió de hombros y se perdió en su cuarto. Se le veía tan emocionado, que no supo qué contestarme, estaba sin palabras. Ni en sus mejores sueños hubiera fantaseado en semejante toma de posesión, en mejor recibimiento.
Jurará el cargo en Swahili, Don Vicente le acompañará en sus primeros días de mandato, será su mano derecha. Le he escrito un e-mail a Oriol, le digo que una de sus primeras medidas será precintar el cuarto de contadores. Doña Federica había empezado a montar un taller de costura donde poner a trabajar a sus hermanas. Oriol dice que no se atreverá a cerrarle el chiringuito; pero yo sí creo. Además, estoy convencido de que mediará en el lío del gas con los rusos del Bada Bin, por fin, tendremos calefacción en casa.
Sé por Don Vicente que también pintará la escalera y nos lo sacará muy bien de precio, por lo visto, nos echarán una mano los del hogar del pensionista, le tienen en un pedestal, les saca lo que quiere. Oriol no se lo acaba de creer. Le digo, que quiere alquilar un andamio para remozar y pintar de blanco la fachada.
¿Al final pintais la fachada de blanco? Me pregunta Oriol. Sí señor, le contesto. De blanco nuclear, para que se nos vea bien en el barrio. ¿Y qué dice tu madre? Lo que diga Obama, hijo, lo que diga Obama.
Sergi Navarro, transmitiendo desde la casa blanca.
Micrófonos en las juntas.
enero 23, 2009
La alcadesa se presentó en la portería para darle las llaves de la ciudad a nuestro presidente. La toma de posesión de nuestro Obama fue un éxito. A Don Vicente siempre le ha gustado Camilo Sesto, antes de ser vicepresidente de la escalera, fue presidente del Club de Fans de Camilo Sesto en su pueblo (Quintanilla de Onésimo), y en un rapto de genialidad se le ocurrió vestirlo de Jesucristo Superstar, se descargó la canción en el móvil y el camino desde casa a donde Benito lo hicimos cantando a Obama, aclamándole con hojas de palma.
Qué cara la de nuestro presidente, se le veía en una nube, qué bien le sienta la túnica que le regaló mi madre, tiene un porte, la alcaldesa se lo comía con los ojos. No me extrañaría nada que le propusiera un cargo en el ayuntamiento, alguna concejalía.
La ceremonia donde Benito fue rápida; pero muy emotiva. A mí se me saltaban las lágrimas. Juró el cargo sobre el libro de actas, brindamos con sidra el gaitero, tomamos unas tostadas con paté la piara y nos volvimos a casa (digo lo del paté y la sidra porque la gente no para de preguntarme qué comimos durante la ceremonia). El presidente estaba impaciente por llevar a cabo su primera medida, cerrar el cuarto de contadores, expulsar del templo a la patrona explotadora y sus máquinas de coser.
Doña Federica montaba guardia frente al cuarto, pero el Keniata le regaló una de sus profundas miradas y sin pronunciar una sílaba la expresidenta de honor de la escalera nos dejó el paso libre. Qué suficiencia. Sacamos las máquinas de coser, los maniquíes, fardos de ropa vieja, ovillos, retales, patrones, agujas, y lo subimos todo al ático. Nos disponíamos a precintar el cuarto de contadores, cuando, impulsado por su natural curiosidad, Don Vicente encontró a un señor que vestía una gabardina gris perla, sentado frente a un escritorio, en la mal iluminada habitación que cerraba una falsa puerta que hallamos dentro de un viejo armario.
Seguimos a Don Vicente y entramos en la cámara secreta. Un par de candelabros de plata iluminaban las manos del señor de la gabardina y los siete magnetófonos de antes de la guerra que manejaba con maestría. Las paredes estaban repletas de bobinas de cinta negra, un póster gigante de la casa del espía y siete lupas. En su escritorio tenía siete estilográficas equipadas con minicamaritas réflex y en un rincón de la sala una ampliadora del año de la tarala para revelar sus fotos en blanco y negro.
Al vernos entrar, el señor Grabulosa (nombre en clave del espía de Doña Federica) se llevó la mano al bolsillo. Don Vicente y yo nos echamos inmediatamente al suelo, convencidos de que sacaba una pistola y se liaba a tiros. Sin embargo, el señor Grabulosa no tenía intención de sacar un arma. En el bolsillo tenía escondida una pastillita de cianuro (Doña Federica solo contrata profesionales), se disponía a cumplir como marca el manual del auténtico espía; pero el presidente, ágil como un gamo, se lanzó sobre él y de un manotazo consiguió quitarle la idea de las manos.
Qué fuerte, le digo a Oriol en el chat del Facebook, Doña Federica no solo había grabado las juntas de vecinos, tenía micrófonos repartidos por todo el edificio. El señor Grabulosa cantó como un pajarito, solo hizo falta que le amenazara con llamar a mi madre, que llevaba más de treinte años espiando nuestras vidas, que digo yo, qué trabajo éste, no habrá cosas mejores que hacer. Nos abrió el arcón donde tiene guardados los informes y las fotos que nos ha hecho. Miles y miles de fografías nuestras, algunas son tan bonitas, tiene gusto este Grabulosa, que estamos pensando en hacer un álbum de la comunidad o montar una retrospectiva.
A Oriol no le extraña nada, dice que de Doña Federica uno puede esperar cualquier cosa. Pero tiene una duda. ¿Dónde tenía escondidos los micrófonos? La verdad es que el tío es un profesional, le contesto, en nuestro caso estaban escondidos en las bolas de naftalina que mi madre tiene repartidas por toda la casa.
Sergi Navarro, perseguido por detectives.
Los niños de Sant Boi.
enero 26, 2009
Los niños de Sant Boi me trajeron a la memoria a dos críos en los que pienso muy a menudo, Cristian y Alba.
Hace tiempo que dejaron de ser noticia y ya no se habla de ellos, pero aquel verano estuvieron en boca de todos los medios durante meses y meses. Las cámaras de todas las televisiones, los micrófonos de todas la radios, la libretitas de tapas rojas de todos los reporteros del mundo, ocuparon la calle del colegio aquellos días y la vida de los monitores que con ellos estuvieron.
Pienso que las familias de los niños de Sant Boi en su desgracia, han tenido la suerte, si puede decir así, de no ser únicas estos días. Las cámaras, los micrófonos, las libretitas, ávidas de espectáculo, se dispersan por el territorio nacional, hay tanto que explotar por culpa del viento, la mala suerte, la falta de previsión, mala construcción o un defeciente mantenimiento, quien deba sentenciar que sentencie, que aquellos que su vida consagran a respirar miseria tienen trabajo a destajo. Tanta desgracia junta, por lo menos, servirá para que los que estuvieron en aquel polideportivo vivan su inmenso pesar sin el agobio, sin tener que sufrir, además de la pena, el asedio de los que explotan lo que nunca debiera explotarse. Los entrenadores, muertos de pena, por lo menos, no sufrirán el acoso extremo de los señores de las libretas porque hay demasiado que abarcar.
Muchísima gente recuerda a Cristian y a Alba, pero, por suerte, dejaron de ser noticia. Hoy les tengo un poquito más presente, los dos me ayudan a reconocerme afortunado por tener más de un amigo, por reencontrarme con los que fueron y siguen siendo los míos, por admitir el valor de un abrazo, el placer que supone un buen desayuno, un amanecer desde mi oscura ventana, por saborear la fortuna en un zumo de naranja natural con un ser querido.
Cristian y Alba siguen aquí, enraizados, formarán siempre parte de nosotros. Evocar a los que se quiere, recordarlos un ratito todas las mañanas, es una forma de empezar con buen pie, una forma de sonreír por los buenos tiempos, una fórmula para salir contento a la calle; aunque, por desgracia, nunca aparecerá en televisión como noticia.
Sergi Navarro, un beso para Cristian y Alba.
Tengo para usted una pregunta Facebook.
enero 27, 2009
A Oriol le han hecho una encuesta sobre mí en el Facebook y me he llevado una sorpresa. Por lo visto, el señor Facebook se parece mucho a mi madre, a los dos les encantan los chismes, tienen demasiado tiempo libre y si pueden liar un buen escándalo, pues se lía, que para eso estamos.
El señor Facebook le pregunta a Oriol, si yo disfrutaría de una relación homosexual. Y Oriol, como no podía ser de otra manera, contesta que sí. Qué ladrón el tío. También le pregunta, si he mantenido relaciones de cariño con seres de cuatro o más patas. Y va el animal y contesta que sí, que lo sabe de buena tinta, que somos buenos amigos. Le pregunta, además, que si tengo que cambiar el peinado. Y Oriol contesta que no, que eso sería materialmente imposible
Por lo visto, contestar preguntas, además de ocupar tiempo, te concede créditos con los que puedes ver qué dijeron de ti otros usuarios. Es decir, el señor Facebook está montando una junta de vecinos a lo bestia. Una cyber y global junta de vecinos. Desde aquí le digo: se te va ir de las manos, seguro. Uno sabe como empieza una junta de vecinos, pero nunca como acaba.
En mi caso, la verdadera pregunta sería, ¿qué pasará el día que mi madre se entere de lo que dice Oriol en el Facebook? Qué cristo se va a formar, si un día lo dejo abierto y mi madre lee estas cositas. Ella solo hace caso a lo que ve en una pantalla. Le da igual la opinión de cualquier hijo de vecino, únicamente tiene credibilidad lo que aparece en la tele.
El otro día vio como en la primera de televisión el presidente del gobierno contestaba sus preguntas y aseguraba que estábamos en crisis. Mamá se llevó las manos a la cabeza. Don Vicente ya se lo había dicho; pero no hacía ni caso. Sin embargo, ahora que lo ha visto en la tele, cree; ahora que lo dice la cajita, sí, ahora sí estamos en crisis. Y se rasga las vestiduras.
Está que trina. De haberlo sabido, asegura que, jamás hubiera comprado la pastilla de turrón del duro que nos comimos en Navidad. Con la de Yema que La Blasa le regaló para su cunpleaños hubiéramos tenido más que suficiente. En Nochevieja tomamos piña natural, dice que se le está repitiendo. Pasado un mes le está sentando mal, dice que en esta casa no vuelve a entrar una, cómo máximo una lata de melocotón en almíbar. Además, se le ha puesto entre ceja y ceja que le va a devolver a Moha, el vecino tiene un colmado en la Plaza Manila, un paquete de neulas que compramos hace un año y medio. Le contesto que no puede ser, que no le reembolsará el dinero después de deciocho meses, que las neulas estarán revenidas. Pero no atiende a razones, estamos en crisis y el ladrón ése me va a dar hasta el último céntimo de las neulas aunque sea lo último que haga.
Está obsesionada. Estamos en crisis y hay que ahorrar, repite, no gastaremos agua a lo loco, a partir de ya, las sábanas se lavarán cada cuatro o cinco semanas y no cada tres como hasta ahora; nada de consumir luz a lo tonto, se acabaron las bombillas, velas y duchas frías como antes de la guerra; nada de caprichos culinarios, se acabó el paté la Piara y el fuet de casa Tarradellas, a partir de ya mismo, sopas de cebolla y gachas de harina sin chorizo. Qué panorama.
La que ha formado el presidente en mi casa. ¿Qué será de mí, si a mi madre le da por hacer un curso de infomática el día que Anita Igartiburu diga a su Gente que hay que hacer cursos de informática? ¿Qué será de mí, si descubre las respuestas Facebook de Oriol? Seguro que me obliga a bordarle de nuevo las sábanas del ajuar y no vuelvo a ver mis tres euros de paga por lo menos en siete u ocho meses.
Sergi Navarro, preocupado por la crisis, por mi madre y las dichosas preguntitas Facebook.
Cinema Paradiso.
enero 28, 2009
Nuestro presidente Obama, aconsejado por su asesor externo Don Anselmo Grabulosa (el exdetective de Doña Federica se ha cambiado de facción porque la expresidenta de honor le debe la paga extra), montó una sesión de cine debate en casa de Don Vicente para que los vecinos confraternizáramos y reafirmáramos vínculos; pero el invento acabó medio regular.
Doña Federica, ya lo dijo Oriol, jamás se conformará con mover los hilos en la sombra, los agitará siempre en primera línea de fuego, en plan Clint Eastwood. Y no se detendrá hasta deponer a nuestro recién estrenado presidente.
Con muy buenas intenciones y su gabardina de gala, se presentó el sr. Grabulosa en casa. Me pidió una cinta de vídeo que guardo en un cajón secreto y a la que tengo mucho aprecio. Feliz Navidad, se titula. Una tragicomedia situada en las trincheras heladas de Francia durante la primera guerra mundial y que rinde homenaje a los soldados que confraternizaron durante la Nochebuena del 18.
Le quise preguntar al Sr. Grabulosa cómo sabía de la existencia de la película; pero como los micrófonos siguen en las bolas de naftalina que mi madre tiene repartidas por toda la casa, me ahorré la pregunta. No los hemos quitado porque a mi madre le encanta sentirse observada. Dice que gracias a los micrófonos y las cámaras secretas se siente como la Garbo. Lleva unos días paseándose por casa con un desgastado vestido negro que tenía guardado en el arcón de su cuarto. Está convencida de que el vestido es uno de los siete trajes que llevó la Garbo durante el rodaje de Gilda. He intentado razonar con ella; pero es imposible. Sale a la calle hecha un cromo, pero le da igual. Fuimos a comprar el pan a donde Ceferino y no nos quitaban el ojo de encima. Nos acercamos después a Mercadona y el guarda jurado no nos quería dejar entrar. Y mi madre, muy digna ella, se sacó el guante de la mano derecha, le soltó un guantazo que le marcó la cara y tuvimos que salir a la carrera.
Conocía la respuesta, así que, me limité a preguntar al bueno de Grabulosa para qué necesitaba la cinta. Vamos a montar un cine-fórum acompañado por un sencillo piscolabis, patatas fritas y fanta de naranja, en casa de Don Vicente, me contestó. El vicepresidente está enterado, añadió. Don Vicente no tenía problema, siempre y cuando, los vecinos se comportaran. Pobre Don Vicente, es un erudito, pero no aprende.
El vicepresidente, por no molestar a nadie, no mandó retirar las cámaras de vigilancia de su casa. Y gracias a ellas Doña Federica sale bien retratada. La señora niega su implicación en la trama, jura sobre las Sagradas Escrituras que no tuvo nada que ver; pero las imágenes no dejan dudar a dudas, quien cambió una película por otra, fue ella.
Don Vicente y yo convertimos la sala de estar en una coqueta sala de proyección, parecida a la de Cinema Paradiso. La junta extraordinaria para ver la pélicula estaba fijada a las 20:30, hora en la que Moha le deja a su primo Hashid las llaves del colmado. A las y treinta y cinco estábamos allí todos los vecinos. El presidente Obama, depués de repartir unas lonchas de mortadela y unos vasitos de mistela que traía de casa, dio permiso para que se iniciara la proyección; así, Don Vicente apagó la luz, el señor Grabulosa le dio al play del VHS y Doña Federica soltó una risita por lo bajini.
Reía porque había cambiado Feliz Navidad por El Asesino. Una película seguramente estupenda, no acabamos de verla, pero contraindicada para una junta de vecinos. Como no podía ser de otra manera, a los once minutos voló la primera butaca. Convirtiendo de nuevo la sala de Don Vicente en una reedición de la guerra de los siete años.
Qué estropicio, Don Vicente está desolado. Otra semana extendiendo cola blanca de carpintero. A este paso nos sacamos las oposiciones a IKEA por la vía rápida. Para el vicepresidente el mobiliario es lo de menos; el problema es que esta comunidad no aprende y no va a aprender nunca.
Sergi Navarro, encolando los muebles de Don Vicente.
Ayer no pude escribir, estaba en comisaría.
enero 30, 2009
Mi madre se fue con Don Vicente a comprar a Ikea, el vicepresidente debe reconstruír su casa después de la última junta de vecinos. Pasaron allí cinco horas y compraron un paquete de velas y un juego de tapers de oferta.
Mamá tenía hambre y se hizo invitar en el chino de la Plaza de la División Azul. Se enfrascó con el licor de lagarto y acabaron en el cine. Vieron una película austríaca sin subtitutlar que Don Vicente hacía tiempo quería ver; pero que a mi madre le pareció una porquería.
Fue a comprar una lata de sardinas con tomate en un colmado, dice que la raspa le va bien para la osteoporosis, y le regalaron un bono de diez minutos para un cyber. No tiene ni idea de lo que es internet; pero: si es gratis, a la guerra. Es lema de mi madre. Le pidió ayuda a Usanavy, el dueño del chiringuito y empezó a buscar a Oriol. Me ha oído hablar tanto de él que quería verle.
Encontró a Oriol y también nuestra página. Leyó lo del banco, lo que dice el señor Leopoldo Abadía sobre los Ninjas, Mi madre es una ninja, y claro, le ha sentado a cuerno quemado. Buscó la foto de Don Leopodo y descubrió que tenía una conferencia en el aula de cultura de Javea.
Entró en casa hecha una fiera. Deja el cacharro, ése. Ya he visto lo que haces. Vístete ahora mismo, nos vamos a Javea. ¿A Jávea? Fueron las únicas palabras que pude pronunciar. Cogió el bolso más grande del armario, se pintó los labios, se puso sombra de ojos, tacones, y antes de que pudiera decir: qué se nos ha perdido en Jávea. Estábamos en la última fila de un autobús de Alsa.
Llegamos a la estación, preguntamos a un par de taxistas, mamá encontró un par de ladrillos de una obra, se los metíó en el bolso, y nos personamos en el aula de cultura. Estuvo divertido. El señor Abadía en su línea, la gente lo pasaba fenomenal con sus teorías, pero sus palabras encendían a mi madre poco a poco. El tema de los Ninjas no le ha sentado del todo bien.
Acabó la charla y se abrió un ruego de preguntas. Le dije que ya nos podíamos ir. Que no había que quedarse tampoco, ya sabía lo que iba a pasar. Pero mi madre quería que le firmara el libro. ¿Qué libro, mamá? El suyo, quiero que me lo firme. Por supuesto, no había comprado ningún libro.
Nos colocamos en la fila, le llegó el turno, se plantó frente a Don Leopoldo, él sonrió amablemente y, mama, sin mediar palabra, le soltó un bolsazo que le tiró al suelo de bruces y casi le salta un ojo. Intenté detenerla, pero me fue imposible. Qué panadera se llevo el pobre, qué somanta de palos le propinó mi madre. Confieso que para contentarla, tuve que darle un par de pataditas al pobre Leopoldo.

Por suerte alguien llamó a la guardia Urbana. Solo tardaron dos horas y media en personarse y llevarnos detenidos al calabozo. Qué vergüenza. Don Leopoldo está en el hospital, le envié esta mañana un ramo de rosas. Nosotros dormimos entre rejas y al lado de un par de señoras que se unieron a mi madre y también atizaron al gurú. Nadie quiere que le llamen Ninja, han repetido sin parar y sin soltar el dado del parchis, al que han estado jugando toda la noche a euro la partida.
Sergi Navarro, ya en casa,apesadumbrado todavía.
Reflexiones en un húmedo calabozo.
febrero 2, 2009
En Hollywood cuando meten a un tipo entre rejas, le dan, por lo menos, la oportunidad de realizar una llamada. Hubiera departido amistosamente con Oriol, necesitaba cerca la voz de un amigo; pero ni me atreví a solicitar la famosa llamada, ni me ofrecieron un teléfono, ni a mi madre le hubiera sentado muy bien. Así que, me pasé la noche escuchando a las señoras jugando al parchís, las canciones de los móviles de los críos que llegaban, observando la nieve en el poyete de nuestra triste ventana y reflexionando un poco.
Oriol dice que la juventud no ha cambiado. Nosotros éramos igual de rebeldes que los críos de ahora. La juventud quiere y ha pretendido siempre sublebarse, buscar un espacio, su espacio, hacerse un hueco, su hueco, alzar la voz para ser escuchado. La famosa lucha de contrarios que decía aquél. Yo no lo sé, seguramente tenga razón, no tengo mucho contacto con el mundo en general y la juventud en particular; pero cuando salgo a la calle, veo el mundo algo diferente.
Oriol niega la mayor, afirma con rotundidad que el motor del mundo es y será el sentimiento de amar y sentirse amado. Una sensación universal e inmutable. Pero yo no lo tengo tan claro, esto escuchaba un niño en el autobús el otro día.
Según Oriol la diferencia entre el tal Porta y esto, lo que escuchábamos nosotros sobre el inagotable tema del amor y el desamor, sobre la eterna lucha entre sexos, no es para tanto.
Yo creo que la cosa ha cambiado un poquito y no es por llevar la contaria. Aunque Oriol dice que se ha modificado el lenguaje, el soporte técnico, nosotros empleábamos tocadiscos, ahora utilizan un teléfono enano multi-funcional, pero poca cosa más. En realidad todo sigue como estaba, nada nuevo bajo el sol.
Por lo menos, una cosa sí ha cambiado, le digo, las coreografías. No es que yo sea un experto en Famas, Triunfos y demás, pero las coreografías y puestas en escena de antes no son las de ahora. Puede ser, transige Oriol, pero hablan de lo mismo, siguen cantando y bailando, se enamoran y se desenamoran, pierden la cabeza y la recuperan, se pelean y se reconcilian con sus padres, nada nuevo bajo el sol. Desde que descubrimos el fuego, la vida no ha cambiado ni un poquito.
Sergi Navarro, sin poder ver el sol, sin poder hacer fuego y recordando a las canciones y los bailes de Parchis.
Mamá no ganó el premio de la academia.
febrero 2, 2009
Disfrutábamos del frío, el viento y la lluvia que se cuelan sin remedio por los postigos de las ventanas del comedor, amablemente nos habían sacado del cálido calabozo las autoridades de Jávea, cuando llamó Don Vicente al timbre. Había fiesta en el hogar del pensionista, estrenaban la película que habíamos producido en el barrio y se fallaban los premios.
Victoria, Carmen, Barrio del Pla, se llama. Un proyecto muy ambicioso en el que se involucraron todas las asociaciones de vecinos. Una comedia ligera, un homenaje visual al barrio en el que aparecen los rincones más emblemáticos: desde el Carrefour de Gran Vía, al Castillo de Santa Bárbara, pasando por el Mercadillo de San Mateo. Un regalo a los sentidos que nos costó mucho escribir. En el guion participamos una selección de los vecinos más creativos: Don Vicente, el sobrino pequeño de la Blasa y yo; pero que nos dio muchas alegrías. Un rodaje en el que participaron las mejores actrices, La Blasa como Victoria, mi madre como Cristina, y Doña Federica como María Elisabet, un papel secundario, pero con mucha carga emotiva, una señora mayor un tanto ida que bebe los vientos por un pensionista inglés que se está construyendo un chalet de dos plantas en El Postiguet y a quien la guardia urbana le para la obra por falta de papeles.
Mi madre estaba nominada a mejor actriz y se emperifolló como una lechuga para la entrega de premios. Estaba emocionadísima; pero fue poner el pie en el hogar del pensionista y cambiarle la cara: no había alfombra roja. Qué desastre. Saludamos con una sonrisa a los miembros del jurado, tomamos asiento lo más lejos posible de Doña Federica y vivimos las dos películas que se presentaban a concurso.
Éramos, claramente, favoritos. La otra era un documental sobre obras, un proyecto muy arriesgado de un jubilado de la asociación, que obtuvo gran recibimiento, sobre todo, por parte del sector masculino; pero adolecía de tensión, giros argumentales, emoción, relaciones entre personajes y calidad fotográfica. El pobre Guillermo no ve muy bien de un ojo, así que, Don Vicente y yo contábamos con casi todos los premios.
El de mejor guión se lo llevó Ginés, así como, el de mejor director, el de mejor película, mejores efectos especiales y mejor vestuario. Y solo salían obras. Los pensionistas conocen muy bien su filmografía y jugaba con ventaja. Por eso, no me gustan estos premios, le dije a Don Vicente que estaba muy decepcionado, hay que contar con los gustos y la simpatía del jurado. Los yayos disfrutan con estas películas, así que, ya lo sabemos para otro año. Intenté subirle el ánimo, pero estaba destrozado. A mi madre nuestro chasco le importó poco, debía fallarse el premio a mejor actriz y estaba convencida de que se lo llevaba.
Cómo se puso cuando vio que Doña Federica recogía el galardón. Se acercó al bar, cogió un par de botellas de Anís del Mono, un paquete de cerillas y se fue donde el jurado, dispuesta a quemar el hogar del pensionista. Sacaba espumarajos por la boca. El revuelo fue tan grande que llamaron a la guardia urbana.
Como tenemos antecedentes en Jávea, hemos vuelto al calabozo. Esta vez, nos acompaña Don Vicente. Está preso por agredir a un agente de policía. Dice que le dio con una silla porque se estaba propasando con mi madre, que le estaba acariciando las nalgas.
Sergi Navarro, de nuevo en presidio.
En presidio nos preocupa la audiencia de los Goya.
febrero 3, 2009
A la sombra, mi madre, Don Vicente y yo seguimos en presidio, hemos conocido a un tipo singular. Se hace llamar Don Faustino, es un tipo bajito de mostacho hirsuto, viste una túnica azafrán y sufre delirios de grandeza. Anhela dominar el mundo, y por eso, colecciona y estudia audiencias de televisión. Si quieres que te vean, debes ver lo que ven.
La guardia urbana le detuvo por intento de agresión a un revisor del Tram que se atrevió a pedirle el billete. Sospecho que no está muy bien de la cabeza. Se pasa la noche recortando periódicos con unas tijeras oxidadas de punta redondeada y mango amarillo. Entre los recuerdos impresos que guarda en su carpeta azul, conserva con gran cariño una fotografía de Aznar con un casco de soldado y una instantanea que el une a un tal Monegal y en la que aparecen cogidos de la mano.
A mi madre le encantó el tal Don Faustino nada más verle. Se pirra por sus huesos y Don Vicente lo está pasando fatal. Me dijo muy en serio que tenía intención de fugarse a Perpignan al menor despiste. Tiene medio hecha una cuerda de sábanas viejas y medio cortados los barrotes de la celda gracias a una mini-sierra de relojero que lleva siempre encima por si las moscas. Su plan está muy avanzado, dice que se descolgará por el muro de la prisión, aprovechando la luna, secuestrará el primer Alsa que va a Nuria y ya en el santuario bordeará los pirineos hasta llegar a Perpignan con la ayuda de algún pastor bienintencionado. Un gran plan, sin duda, le he dicho. Pero tiene usted que calmarse, Don Vicente. Estoy convencido de que para mi madre, Don Faustino no es más que un pasatiempo, una nube pasajera, de la que no debe preocuparse. Pero no ha quedado muy convencido y mientras uno recorta con esmero las audiencias del domingo para guardarlas en su carpeta, el otro sierra los barrotes de la celda.
Mi madre pretende formar una familia y quiere que, como buen hijo, me interese por las aficiones del que será mi padre. Así que, me acerqué a Don Faustino y le ayudé a recortar los diarios del fin de semana.
Pude comprobar que la audiencia de los Goya sumaba más espectadores que las cuatro películas más taquilleras del año en España. Miré con extrañeza a Don Faustino y le trasladé mi duda. ¿Era aquello posible? Y si lo era, ¿qué conclusiones extraía?
Los ojos serenos y azules de Don Faustino me traspasaron, carraspeó ostentosamente y con con voz templada contestó que aquellos datos eran normales. Desde los Bingueros no se ha vuelto a rodar una buena película en España.
Sergi Navarro, rememorando a Pajares, soñando con Esteso.
Del paro a la televisión.
febrero 4, 2009
Seguimos en el calabozo. Don Vicente, dolido con mi madre por no dispensarle atención alguna y estar pendiente únicamente de Don Faustino, ha cumplido su amenaza y ha intentado fugarse de la celda. Pero las sábanas con las que se descolgaba por el muro de la prisión se desgarraron a cuatro metros del suelo y se ha dado un costalazo de padre y muy señor mío que le mantiene atado al camastro.
El angelito llora como un bebé, estoy convencido de que le duele más el corazón que los huesos rotos, el pobre está muy enamorado de mi madre. Por su parte, mamá y Don Faustino se han pasado la noche haciendo manitas, desoyendo los lastimeros sollozos de Don Vicente, y recortando las audiencias de todos los diarios en su afán de controlar el mundo.
Se ha enterado por mi madre que Oriol y yo tenemos una página web y me dice que estoy perdiendo el tiempo. Que el dinero está en televisión, que Oriol y yo debemos pensar un concurso con el que hacernos ricos y dejarnos de escribir tonterías. Sandeces, repite, que además no tienen que ver ni con la televisión, ni con los famosos, ni con nada de nada. Desconoces el mundo, sostiene, poniéndome la mano en la espalda.
¿Un concurso de televisión? Pregunto extrañado. El año que viene será duro para estos mindunguis, afirma Don Faustino sacando el dedo por los barrotes de la celda en uno de sus ataques (sufre delirios de grandeza), el paro se va a disparar, nadie va a tener un duro y esos hombrecillos solo querrán ver la tele. La tele es lo único que importa. Hay que hacer un concurso, pensad algo tu amigo y tú.
Don Faustino quiere que montemos un concurso para colocar sus mensajes subliminales entre prueba y prueba y erigirse en la cabeza visible de Ciutadans. Mi madre está encantada con la idea. Dice que con la ayuda del gurú, me convertiré en el futuro Manolo Lama. Pero, ¿quién será Oriol? ¿José Ramón de la Morena?
Adolezco del estilo, el verbo y la cultura de Manolo, un referente mundial en el periodismo que hoy se estila. Pero la idea de diseñar un concurso interesante, en plan Jordi Hurtado, que ayude y reparta dinero me ronda por la cabeza. Y como en prisión el tiempo no existe, pues me lo estoy pensando. Tal vez, pueda contactar con Chicho, mi madre es una gran fan suya, y montamos el un dos tres del siglo veintiuno.
Sergi Navarro, ideando un concurso de televisión, esperando sugerencias.
Protegiendo a Don Vicente de las obras.
febrero 6, 2009
Estamos de obras en el calabozo, por lo visto, han otorgado una partida de los presupuestos generales al ayuntamiento y los señores lo van a gastar en infraestructuras necesarias. En unos meses (años, eso nunca se sabe), las celdas dispondrán de jardín árido, de canalización para regar bonsáis por goteo y de un sin fin de pequeñas jaulas para amaestrar ratones, pulgas y cucarachas. La intención es que los reclusos se reinserten, se vayan (lo más lejos posible) de gira con el circo del sol y ganen unas perrillas.
El patio está revolucionado. Los obreros entran y salen sin rendir cuentas con nadie, tienen llave, confían en que no nos vamos a fugar y la puerta de los calabozos están todo el día abiertas. Y no les falta razón, con el frío que hace, mejor aquí que en casa. El único que pensaba en escapar era Don Vicente; pero ahora no tiene fuerzas. Como mi madre sigue suspirando por la túnica azafrán de Don Faustino, se ha declarado en huelga de hambre.
Con lo flacucho que está, que es un saco de huesos el pobrecito, sólo le faltaba esto. Le he tapado con una mantita vieja para protegerle del polvo de la obra. Jacoba, la enfermera jefa de presidio, un mujer grandota, con manos de estibadora, y pechos de Sultana le ha colocado un gotero. Pero porque me lo han ordenado, dice, lo que este hombre necesita es un par de ostias bien dadas. Muchos obreros están de acuerdo, todos opinan. Mientras hacen que encolan jardineras, aprovechan y fijan diagnósticos: a Don Vicente hay que retirarle el suero y dejarle morir dignamente; A Don Vicente, como ser humano, no se le puede dejar morir sin más, hay que luchar por su vida; Don Vicente que se deje de tonterías y aprenda el oficio, el trabajo manual es lo mejor para el ánimo y nunca es tarde para aprender a enyesar un falso techo; A Don Vicente hay que traerle un par de mozas y se le pasarán todas las tonterías; Lo que el cuerpo de Don Vicente pide a gritos es un café con sal bien cargado, para hacer limpio y regenerarse. No llegan a un acuerdo, discuten acaloradamente, la obra no avanza y al alcalde le empieza a escamar el tema de Don Vicente.
El afectado no dice ni mu. Don Vicente siempre ha sido muy callado. Pero yo que estoy a su lado, le conozco de siempre, percibo en su mirada el malestar por lo que escucha. Nadie debiera opinar sobre su vida, a él y a su familia le corresponde tomar según que decisiones. Y como su única familia soy yo, me susurra al oído, que entre los dos zanjaremos el tema. Estoy convencido de que no llegará la sangre al río, Don Faustino es una nube pasajera para mi madre. No tardará en olvidarse de su túnica azafrán y Don Vicente recibirá de nuevo sus atenciones.
Sergi Navarro, en presidio, protegiendo a Don Vicente de la obra.
Todos a la cárcel.
febrero 9, 2009
Querido Oriol,
Espero que todo vaya bien por Santa Pola. Según mis cálculos, hace unos días que deberíamos haber pisado la calle; pero como los jueces parecen estar en huelga, sin decirlo o sin estarlo, a Don Vicente le mantienen el gotero, y a mi madre Don Faustino, su túnica azafrán y sus delirios de grandeza, siguen cautivándola, pues aquí permanecemos, en el calabozo, ayudando a los recién llegados a acomodarse y sentirse como en casa.
Está llegando gente a mansalva y trabajamos duro para hacerles hueco. Vienen trajeados, engominados, con carteras de cuero, zapatos de punta y corbatas azules. Por lo que parece, están muy bien relacionados, llegan con buenas recomendaciones, porque se están quedando las mejores literas y los orinales más nuevos. Están tranquilos, se nota que son hombres curtidos, saben de leyes, saben del mundo, se nota que están acostumbrados, nos son nuevos en estos avatares, no es la primera vez que entran y, por sus hechuras, se diría que están convencidos de que saldrán pronto.
Aquí somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, hay quien acepta alguna falta: robar manzanas en una feria, cambiar la arena de la obra por arena de la playa, firmar algún cheque sin fondos, mandar dar una paliza o darla él mismo, quemar un pequeño asilo para dar terreno y hacer lucir una propiedad olvidada, cobrar alguna comisión sin importancia, chantajear a un juez e irse juntos de verbena, lo normal que hace la gente. Pecados de juventud, de las que se habla mucho estos días; pero que, están convencidos los nuevos, pronto serán olvidados.
A Don Vicente le hierve la sangre. Los albañiles, por extraño que parezca todavía no han acabado la obra, gritan a los recién llegados que si el mundo fuera mundo deberían pudrirse en la cárcel por mangantes. Aunque al oído les susurran sus teléfonos por si sale una chapucilla. Pobre Don Vicente, se le llevan los demonios. Sigue con el gotero más que nada por disimular, para darle una lección a mi madre, porque las magdalenas del desayuno se las come de cuatro en cuatro. El angelito se desgañita porque en este país todos tenemos alma de chorizo. País de cuatreros, dice, de bandidos, el que no roba es por cobarde, porque le tiene más miedo a la cárcel que a una mala gripe.
Está muy quemado con Don Faustino y no hay que tenérselo en cuenta. Pero no le falta razón al angelito. Y lo peor es que los que están fuera gritando, no tardarán en estar dentro regando bonsáis o amaestrando cucarachas.
Sergi Navarro, demasiado lejos de Santa Pola, echando de menos a Oriol.
¿ETAmos?
febrero 10, 2009
Etábamos en nuestras etancias, calabozos provinciales, junto a etafadores y etadistas, el etablishment etacionario, Don Faustino, mi madre, Don Vicente y yo, habíamos rellenado unas etadillas y liberado de etafilococos las dependencias etafilococias que habían dejado de parecer etancados etablos.
Regados los bonsáis y las etafisagrias de las etanterías, a Don Vicente le habíamos extirpado un etafiloma benigno y parecía etable. Etaba el patio tranquilo y etasiábamos con Messi, de su gambeteo en el etadio, mientras un guardia escuchaba la etaca que la etanquera, su chica, le había traído de la etafeta mientras pedaleaba en su bicicleta etática.
Eto’o etablecía el segundo, mi madre se iba con Don Faustino a hacer manitas, dejando a Don Vicente en la etacada y con cara de etalinista resabiado. El pobrecito etá a base de etamínicos, es alérgico al polvo de la obra, y los etampados de los albañiles. Etá muy mal la cosa.
Alves etableció el tercero, el portero había hecho la etatua, etaba clara la victoria. El etatuto es lo que tiene gritaban los etafadores etafados por el arbitraje, arrancando las etalactitas de hielo de las vetanas para tirárnoslas a la cabeza.
Los guardias apagaron las luces, hora de dormir y como hice una buena sieta, te escribo Oriol etas palabras. No ha etado mal el día, pero me siento raro. Cada día que pasa encerrado en etas etancias me siento más etalagmita. ¿Hay algo nuevo allí fuera que se me etá escapando? Espero conetarme pronto y hablar contigo por el Facebook.
Sergi Navarro, etancado y lejos de Santa Pola.
Darwinismo aplicado: nuestro juez caza ratones.
febrero 12, 2009
El juez que instruye nuestro caso está cazando ratones en la Polinesia. Por lo que parece, en aquellas tierras, al tipo que más roedores captura le regalan un televisor de plasma y le conceden honores de emperador Romano. Y aquí seguimos mi madre, Don Vicente y yo, escuchando los últimos copos de nieve por la radio.
Hay que ver lo que ha evolucionado el mundo. Los jueces son cazadores de ratones y emperadores en paraísos lejanos, los antiguos porteros de discoteca son sesudos estadistas preocupados por el devenir de la historia, los primitivos y adorados filósofos son albañiles que cobran el IVA aparte, pero jamás cumplen los plazos, los poetas son periodistas, los escritores son académicos en liceos franceses y montadores de plataformas elevadoras, los ladrones son presidentes de fútbol y los viejos y aguerridos marineros son jóvenes imberbes frente a pantallas de computadoras tuneadas.
A mi madre le encanta el Anís del Mono y Don Faustino ha empleado sus contactos para conseguir una botella. Hoy veo a Darwin en cualquier etiqueta. Se nota que hemos evolucionado, se nota el cambio en la cárcel. La compañía es inmejorable, cada día nos llevamos mejor, cantamos habaneras, bailamos la raspa, tocamos el acordeón, los nuevos son gente con clase y muy bien educados, ahora da gusto pasarse la vida en un calabozo.
Pero hay un problema, somos demasiados. Las dependencias están saturadas, y, por lo que cuentan, va a seguir llegando gente. Como nosotros estamos aquí porque mi madre quiso pegarle fuego al hogar del pensionista, porque los ancianos no le habían dado el premio a mejor actriz en la película que codirigimos, Don Vicente, el sobrino de la Blasa y yo, y la causa no da para mucho, según dicen todos, es casi seguro que nos pondrán de patitas en la calle en cuanto llegue nuestro juez evolucionado de cacería.
No hay mal que por bien no venga, tengo ganas de ver a Oriol, de disfrutar los tres días que durará este año la primavera. Oriol está convencido de que vivimos un cambio en el clima, evolución climática, y que este año en tres días estará la gente en el Postiguet tomando el sol, cultivando evolucionados melanomas. Así que, si debemos salir, por lo menos que sea a tiempo para gozar de nuestra primavera evolucionada tranquilos.
Sergi Navarro, aguardando a la ansiada y evolucionada primavera.
Cupos de Negros.
febrero 16, 2009
Preparábamos la gran fiesta del carnaval en presidio, cuando la fatal noticia arribó a nuestra celda. El juez, con la televisión de plasma en la maleta y un par de colas de ratón en el bolsillo, había aterrizado en el Altet, venía de la Polinesia, y nos ponía de patitas en la calle por falta de espacio en el calabozo.
Así, disfrazados de las Hermanas Sisters, salimos a la calle mi madre, Don Vicente y yo, Don Faustino, que está en contra de la fiesta de la carne, nos acompañaba a unos pasos de distancia, ataviado con su sempiterna túnica azafrán y la carpeta azul con las audiencias bajo el brazo. Se viene a vivir con nosotros, dice que está dispuesto a casarse en segundas nupcias con mi madre.
Para que Don Vicente se olvidara de mi madre y como siempre ha sido un enamorado de la Trinca, le medio convencí para ir de gira por los geriátricos de la comarca vestidos de las Hermanas Sister. A mamá, que es una artistaza de los pies a la cabeza, me costó mucho menos convencerla. Nos disponíamos a agarrar el Alsa que nos deja en Agres, dispuestos a sentir la fama en nuestras carnes, cuando nos paró un policía nacional y le pidió a mamá que se identificara.
¿Qué yo me tengo que identificar? ¿Con quién se cree que está hablando, con un inmigrante de ésos? Gritó hecha un energúmeno, señalando a una chica mulata con un bebé en el regazo. La verdad es que, vestidos como íbamos, a saber con quién creía estar hablando nuestro policía. Confieso que me dio un vuelco el corazón en el pecho, con un poquito de suerte y si mi madre tomaba carrerilla, pasábamos de fijo los carnavales en la cárcel.
No hubo suerte. El policía, alegando que cumplía su deber y que lo primero que había hecho esa mañana era pedirle seis veces los papeles a la chica, nos tomó los datos, comprobó que no éramos Alemanes en busca de fortuna, Ingleses intentando comprar un chalet en Santa Pola o Portugueses con ganas de montar una fábrica de toallas, se cercioró, gracias a su base de datos, de que éramos cómicos de nuevo cuño y no superábamos el cupo de payasos por metro cuadrado y nos dejó tomar sin problemas el autobús hacia la fama.
Sergi Navarro, camino a Agres, aprendiéndome las canciones de la Trinca.