Ayer no pude escribir, estaba en comisaría.
enero 30, 2009
Mi madre se fue con Don Vicente a comprar a Ikea, el vicepresidente debe reconstruír su casa después de la última junta de vecinos. Pasaron allí cinco horas y compraron un paquete de velas y un juego de tapers de oferta.
Mamá tenía hambre y se hizo invitar en el chino de la Plaza de la División Azul. Se enfrascó con el licor de lagarto y acabaron en el cine. Vieron una película austríaca sin subtitutlar que Don Vicente hacía tiempo quería ver; pero que a mi madre le pareció una porquería.
Fue a comprar una lata de sardinas con tomate en un colmado, dice que la raspa le va bien para la osteoporosis, y le regalaron un bono de diez minutos para un cyber. No tiene ni idea de lo que es internet; pero: si es gratis, a la guerra. Es lema de mi madre. Le pidió ayuda a Usanavy, el dueño del chiringuito y empezó a buscar a Oriol. Me ha oído hablar tanto de él que quería verle.
Encontró a Oriol y también nuestra página. Leyó lo del banco, lo que dice el señor Leopoldo Abadía sobre los Ninjas, Mi madre es una ninja, y claro, le ha sentado a cuerno quemado. Buscó la foto de Don Leopodo y descubrió que tenía una conferencia en el aula de cultura de Javea.
Entró en casa hecha una fiera. Deja el cacharro, ése. Ya he visto lo que haces. Vístete ahora mismo, nos vamos a Javea. ¿A Jávea? Fueron las únicas palabras que pude pronunciar. Cogió el bolso más grande del armario, se pintó los labios, se puso sombra de ojos, tacones, y antes de que pudiera decir: qué se nos ha perdido en Jávea. Estábamos en la última fila de un autobús de Alsa.
Llegamos a la estación, preguntamos a un par de taxistas, mamá encontró un par de ladrillos de una obra, se los metíó en el bolso, y nos personamos en el aula de cultura. Estuvo divertido. El señor Abadía en su línea, la gente lo pasaba fenomenal con sus teorías, pero sus palabras encendían a mi madre poco a poco. El tema de los Ninjas no le ha sentado del todo bien.
Acabó la charla y se abrió un ruego de preguntas. Le dije que ya nos podíamos ir. Que no había que quedarse tampoco, ya sabía lo que iba a pasar. Pero mi madre quería que le firmara el libro. ¿Qué libro, mamá? El suyo, quiero que me lo firme. Por supuesto, no había comprado ningún libro.
Nos colocamos en la fila, le llegó el turno, se plantó frente a Don Leopoldo, él sonrió amablemente y, mama, sin mediar palabra, le soltó un bolsazo que le tiró al suelo de bruces y casi le salta un ojo. Intenté detenerla, pero me fue imposible. Qué panadera se llevo el pobre, qué somanta de palos le propinó mi madre. Confieso que para contentarla, tuve que darle un par de pataditas al pobre Leopoldo.

Por suerte alguien llamó a la guardia Urbana. Solo tardaron dos horas y media en personarse y llevarnos detenidos al calabozo. Qué vergüenza. Don Leopoldo está en el hospital, le envié esta mañana un ramo de rosas. Nosotros dormimos entre rejas y al lado de un par de señoras que se unieron a mi madre y también atizaron al gurú. Nadie quiere que le llamen Ninja, han repetido sin parar y sin soltar el dado del parchis, al que han estado jugando toda la noche a euro la partida.
Sergi Navarro, ya en casa,apesadumbrado todavía.
Cinema Paradiso.
enero 28, 2009
Nuestro presidente Obama, aconsejado por su asesor externo Don Anselmo Grabulosa (el exdetective de Doña Federica se ha cambiado de facción porque la expresidenta de honor le debe la paga extra), montó una sesión de cine debate en casa de Don Vicente para que los vecinos confraternizáramos y reafirmáramos vínculos; pero el invento acabó medio regular.
Doña Federica, ya lo dijo Oriol, jamás se conformará con mover los hilos en la sombra, los agitará siempre en primera línea de fuego, en plan Clint Eastwood. Y no se detendrá hasta deponer a nuestro recién estrenado presidente.
Con muy buenas intenciones y su gabardina de gala, se presentó el sr. Grabulosa en casa. Me pidió una cinta de vídeo que guardo en un cajón secreto y a la que tengo mucho aprecio. Feliz Navidad, se titula. Una tragicomedia situada en las trincheras heladas de Francia durante la primera guerra mundial y que rinde homenaje a los soldados que confraternizaron durante la Nochebuena del 18.
Le quise preguntar al Sr. Grabulosa cómo sabía de la existencia de la película; pero como los micrófonos siguen en las bolas de naftalina que mi madre tiene repartidas por toda la casa, me ahorré la pregunta. No los hemos quitado porque a mi madre le encanta sentirse observada. Dice que gracias a los micrófonos y las cámaras secretas se siente como la Garbo. Lleva unos días paseándose por casa con un desgastado vestido negro que tenía guardado en el arcón de su cuarto. Está convencida de que el vestido es uno de los siete trajes que llevó la Garbo durante el rodaje de Gilda. He intentado razonar con ella; pero es imposible. Sale a la calle hecha un cromo, pero le da igual. Fuimos a comprar el pan a donde Ceferino y no nos quitaban el ojo de encima. Nos acercamos después a Mercadona y el guarda jurado no nos quería dejar entrar. Y mi madre, muy digna ella, se sacó el guante de la mano derecha, le soltó un guantazo que le marcó la cara y tuvimos que salir a la carrera.
Conocía la respuesta, así que, me limité a preguntar al bueno de Grabulosa para qué necesitaba la cinta. Vamos a montar un cine-fórum acompañado por un sencillo piscolabis, patatas fritas y fanta de naranja, en casa de Don Vicente, me contestó. El vicepresidente está enterado, añadió. Don Vicente no tenía problema, siempre y cuando, los vecinos se comportaran. Pobre Don Vicente, es un erudito, pero no aprende.
El vicepresidente, por no molestar a nadie, no mandó retirar las cámaras de vigilancia de su casa. Y gracias a ellas Doña Federica sale bien retratada. La señora niega su implicación en la trama, jura sobre las Sagradas Escrituras que no tuvo nada que ver; pero las imágenes no dejan dudar a dudas, quien cambió una película por otra, fue ella.
Don Vicente y yo convertimos la sala de estar en una coqueta sala de proyección, parecida a la de Cinema Paradiso. La junta extraordinaria para ver la pélicula estaba fijada a las 20:30, hora en la que Moha le deja a su primo Hashid las llaves del colmado. A las y treinta y cinco estábamos allí todos los vecinos. El presidente Obama, depués de repartir unas lonchas de mortadela y unos vasitos de mistela que traía de casa, dio permiso para que se iniciara la proyección; así, Don Vicente apagó la luz, el señor Grabulosa le dio al play del VHS y Doña Federica soltó una risita por lo bajini.
Reía porque había cambiado Feliz Navidad por El Asesino. Una película seguramente estupenda, no acabamos de verla, pero contraindicada para una junta de vecinos. Como no podía ser de otra manera, a los once minutos voló la primera butaca. Convirtiendo de nuevo la sala de Don Vicente en una reedición de la guerra de los siete años.
Qué estropicio, Don Vicente está desolado. Otra semana extendiendo cola blanca de carpintero. A este paso nos sacamos las oposiciones a IKEA por la vía rápida. Para el vicepresidente el mobiliario es lo de menos; el problema es que esta comunidad no aprende y no va a aprender nunca.
Sergi Navarro, encolando los muebles de Don Vicente.
Tengo para usted una pregunta Facebook.
enero 27, 2009
A Oriol le han hecho una encuesta sobre mí en el Facebook y me he llevado una sorpresa. Por lo visto, el señor Facebook se parece mucho a mi madre, a los dos les encantan los chismes, tienen demasiado tiempo libre y si pueden liar un buen escándalo, pues se lía, que para eso estamos.
El señor Facebook le pregunta a Oriol, si yo disfrutaría de una relación homosexual. Y Oriol, como no podía ser de otra manera, contesta que sí. Qué ladrón el tío. También le pregunta, si he mantenido relaciones de cariño con seres de cuatro o más patas. Y va el animal y contesta que sí, que lo sabe de buena tinta, que somos buenos amigos. Le pregunta, además, que si tengo que cambiar el peinado. Y Oriol contesta que no, que eso sería materialmente imposible
Por lo visto, contestar preguntas, además de ocupar tiempo, te concede créditos con los que puedes ver qué dijeron de ti otros usuarios. Es decir, el señor Facebook está montando una junta de vecinos a lo bestia. Una cyber y global junta de vecinos. Desde aquí le digo: se te va ir de las manos, seguro. Uno sabe como empieza una junta de vecinos, pero nunca como acaba.
En mi caso, la verdadera pregunta sería, ¿qué pasará el día que mi madre se entere de lo que dice Oriol en el Facebook? Qué cristo se va a formar, si un día lo dejo abierto y mi madre lee estas cositas. Ella solo hace caso a lo que ve en una pantalla. Le da igual la opinión de cualquier hijo de vecino, únicamente tiene credibilidad lo que aparece en la tele.
El otro día vio como en la primera de televisión el presidente del gobierno contestaba sus preguntas y aseguraba que estábamos en crisis. Mamá se llevó las manos a la cabeza. Don Vicente ya se lo había dicho; pero no hacía ni caso. Sin embargo, ahora que lo ha visto en la tele, cree; ahora que lo dice la cajita, sí, ahora sí estamos en crisis. Y se rasga las vestiduras.
Está que trina. De haberlo sabido, asegura que, jamás hubiera comprado la pastilla de turrón del duro que nos comimos en Navidad. Con la de Yema que La Blasa le regaló para su cunpleaños hubiéramos tenido más que suficiente. En Nochevieja tomamos piña natural, dice que se le está repitiendo. Pasado un mes le está sentando mal, dice que en esta casa no vuelve a entrar una, cómo máximo una lata de melocotón en almíbar. Además, se le ha puesto entre ceja y ceja que le va a devolver a Moha, el vecino tiene un colmado en la Plaza Manila, un paquete de neulas que compramos hace un año y medio. Le contesto que no puede ser, que no le reembolsará el dinero después de deciocho meses, que las neulas estarán revenidas. Pero no atiende a razones, estamos en crisis y el ladrón ése me va a dar hasta el último céntimo de las neulas aunque sea lo último que haga.
Está obsesionada. Estamos en crisis y hay que ahorrar, repite, no gastaremos agua a lo loco, a partir de ya, las sábanas se lavarán cada cuatro o cinco semanas y no cada tres como hasta ahora; nada de consumir luz a lo tonto, se acabaron las bombillas, velas y duchas frías como antes de la guerra; nada de caprichos culinarios, se acabó el paté la Piara y el fuet de casa Tarradellas, a partir de ya mismo, sopas de cebolla y gachas de harina sin chorizo. Qué panorama.
La que ha formado el presidente en mi casa. ¿Qué será de mí, si a mi madre le da por hacer un curso de infomática el día que Anita Igartiburu diga a su Gente que hay que hacer cursos de informática? ¿Qué será de mí, si descubre las respuestas Facebook de Oriol? Seguro que me obliga a bordarle de nuevo las sábanas del ajuar y no vuelvo a ver mis tres euros de paga por lo menos en siete u ocho meses.
Sergi Navarro, preocupado por la crisis, por mi madre y las dichosas preguntitas Facebook.
Micrófonos en las juntas.
enero 23, 2009
La alcadesa se presentó en la portería para darle las llaves de la ciudad a nuestro presidente. La toma de posesión de nuestro Obama fue un éxito. A Don Vicente siempre le ha gustado Camilo Sesto, antes de ser vicepresidente de la escalera, fue presidente del Club de Fans de Camilo Sesto en su pueblo (Quintanilla de Onésimo), y en un rapto de genialidad se le ocurrió vestirlo de Jesucristo Superstar, se descargó la canción en el móvil y el camino desde casa a donde Benito lo hicimos cantando a Obama, aclamándole con hojas de palma.
Qué cara la de nuestro presidente, se le veía en una nube, qué bien le sienta la túnica que le regaló mi madre, tiene un porte, la alcaldesa se lo comía con los ojos. No me extrañaría nada que le propusiera un cargo en el ayuntamiento, alguna concejalía.
La ceremonia donde Benito fue rápida; pero muy emotiva. A mí se me saltaban las lágrimas. Juró el cargo sobre el libro de actas, brindamos con sidra el gaitero, tomamos unas tostadas con paté la piara y nos volvimos a casa (digo lo del paté y la sidra porque la gente no para de preguntarme qué comimos durante la ceremonia). El presidente estaba impaciente por llevar a cabo su primera medida, cerrar el cuarto de contadores, expulsar del templo a la patrona explotadora y sus máquinas de coser.
Doña Federica montaba guardia frente al cuarto, pero el Keniata le regaló una de sus profundas miradas y sin pronunciar una sílaba la expresidenta de honor de la escalera nos dejó el paso libre. Qué suficiencia. Sacamos las máquinas de coser, los maniquíes, fardos de ropa vieja, ovillos, retales, patrones, agujas, y lo subimos todo al ático. Nos disponíamos a precintar el cuarto de contadores, cuando, impulsado por su natural curiosidad, Don Vicente encontró a un señor que vestía una gabardina gris perla, sentado frente a un escritorio, en la mal iluminada habitación que cerraba una falsa puerta que hallamos dentro de un viejo armario.
Seguimos a Don Vicente y entramos en la cámara secreta. Un par de candelabros de plata iluminaban las manos del señor de la gabardina y los siete magnetófonos de antes de la guerra que manejaba con maestría. Las paredes estaban repletas de bobinas de cinta negra, un póster gigante de la casa del espía y siete lupas. En su escritorio tenía siete estilográficas equipadas con minicamaritas réflex y en un rincón de la sala una ampliadora del año de la tarala para revelar sus fotos en blanco y negro.
Al vernos entrar, el señor Grabulosa (nombre en clave del espía de Doña Federica) se llevó la mano al bolsillo. Don Vicente y yo nos echamos inmediatamente al suelo, convencidos de que sacaba una pistola y se liaba a tiros. Sin embargo, el señor Grabulosa no tenía intención de sacar un arma. En el bolsillo tenía escondida una pastillita de cianuro (Doña Federica solo contrata profesionales), se disponía a cumplir como marca el manual del auténtico espía; pero el presidente, ágil como un gamo, se lanzó sobre él y de un manotazo consiguió quitarle la idea de las manos.
Qué fuerte, le digo a Oriol en el chat del Facebook, Doña Federica no solo había grabado las juntas de vecinos, tenía micrófonos repartidos por todo el edificio. El señor Grabulosa cantó como un pajarito, solo hizo falta que le amenazara con llamar a mi madre, que llevaba más de treinte años espiando nuestras vidas, que digo yo, qué trabajo éste, no habrá cosas mejores que hacer. Nos abrió el arcón donde tiene guardados los informes y las fotos que nos ha hecho. Miles y miles de fografías nuestras, algunas son tan bonitas, tiene gusto este Grabulosa, que estamos pensando en hacer un álbum de la comunidad o montar una retrospectiva.
A Oriol no le extraña nada, dice que de Doña Federica uno puede esperar cualquier cosa. Pero tiene una duda. ¿Dónde tenía escondidos los micrófonos? La verdad es que el tío es un profesional, le contesto, en nuestro caso estaban escondidos en las bolas de naftalina que mi madre tiene repartidas por toda la casa.
Sergi Navarro, perseguido por detectives.
La toma de posesión de nuestro presidente.
enero 22, 2009
El barrio está revolucionado, los vecinos se allegan a casa en procesión. San Mateo está atestado de gente, en el paseo del colesterol (así lo llaman los del hogar del pensionista) se apelotona el gentío, impacientes y ataviados con sus mejores galas, acompañados por sus mascotas, con un solo objetivo, ver a nuesto Obama jurar el cargo donde Benito, el administrador de fincas.
Se ha montado este lío porque es el primer corredor de la media maratón que en el barrio se presenta a presidente de escalera y saca adelante su candidatura, sin un solo voto en contra, porque si no, no lo entiendo. La gente está entusiasmada. Todos quieren ver como Don Vicente, Doña Federica y yo, cargando el libro de actas de la comunidad, acompañamos a nuestro flamante presidente donde Benito y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y como el otro día fue San Antón, les bendice la mascota.
Doña Federica está que trina, el rellano está lleno de loros, cacatúas, agapornis (pájaros del amor creo que les llaman), pitones, boas constrictor, caniches, San Bernardos, samoyedos, seis pollinos de una granja, dos tigres que le regalaron a la Blasa y un aligator de un policía nacional de paisano. A Doña Federica se le llevan los demonios porque la gente ha entrado en el edificio y el zaguán está que da pena verlo, lleno de cacas de loro y migas de pan duro.
A mi madre tampoco le hace mucha gracia cruzarse con semejante gentío cuando llega a casa, montan escándalo, se hacen pis, se pelean por colarse; tanto perro, tanto gato, tanto vecino, tanto ajetreo, está harta. No le han gustado nunca los animales, pero si se cruza en la escalera con Doña Federica, cambia la cara, acaricia al menino que tenga más cerca o se hace la foto y le da una chuchería por fastidiarla. Cómo es mi madre.
Quien lo pasa mejor es la Blasa, está haciendo su agosto. Como en la calle se le hielan a uno hasta los pelitos de las orejas y los vecinos, por nada del mundo, dejarían su puesto en la cola, ha comprado una de esas cafeteras a cartuchos, las del Clooney, mi madre dice que eso ni es café ni es nada, pero a la Blasa le va de fábula y está vendiendo el Cappuccino sin leche a precio de cabeza de Mero.
No quería ir donde Benito, sin hablar primero con el presidente. Así que, bajé al primero con Don Vicente para preguntarle qué le parecían nuestras costumbres, qué pensaba sobre el revuelo organizado, sobre los pitones, los loros y las cacatúas que le esperaban junto al tablón de anuncios. El presidente me miró a los ojos, arqueó las cejas, se encogió de hombros y se perdió en su cuarto. Se le veía tan emocionado, que no supo qué contestarme, estaba sin palabras. Ni en sus mejores sueños hubiera fantaseado en semejante toma de posesión, en mejor recibimiento.
Jurará el cargo en Swahili, Don Vicente le acompañará en sus primeros días de mandato, será su mano derecha. Le he escrito un e-mail a Oriol, le digo que una de sus primeras medidas será precintar el cuarto de contadores. Doña Federica había empezado a montar un taller de costura donde poner a trabajar a sus hermanas. Oriol dice que no se atreverá a cerrarle el chiringuito; pero yo sí creo. Además, estoy convencido de que mediará en el lío del gas con los rusos del Bada Bin, por fin, tendremos calefacción en casa.
Sé por Don Vicente que también pintará la escalera y nos lo sacará muy bien de precio, por lo visto, nos echarán una mano los del hogar del pensionista, le tienen en un pedestal, les saca lo que quiere. Oriol no se lo acaba de creer. Le digo, que quiere alquilar un andamio para remozar y pintar de blanco la fachada.
¿Al final pintais la fachada de blanco? Me pregunta Oriol. Sí señor, le contesto. De blanco nuclear, para que se nos vea bien en el barrio. ¿Y qué dice tu madre? Lo que diga Obama, hijo, lo que diga Obama.
Sergi Navarro, transmitiendo desde la casa blanca.
Seducidos por el momento Obama
enero 20, 2009
La guerra entre el tal Nanín y las hermanas de Doña Federica en el comedor del vicepresidente electo fue cruenta y salvaje. Y Don Vicente presentó su dimisión irrevocable, al considerar un abuso y un atropello, que lo era, la presencia de aquel sujeto en su casa, sin que nadie le hubiera avisado.
Nanín llegó a las siete de la tarde mimetizado de largaterana (un profesional de los pies a la cabeza), sus secuaces se presentaron uniformados de promotores culturales (antes vendedores a domicilio del Círculo de Lectores), armados con la colección completa de Juan Manuel de Prada, Sánchez Dragó y una versión extendida de en Busca del tiempo Perdido, y dispuestos a llevarse por delante a las siete hermanas de Doña Federica.
Las hostilidades se desataron de inmediato. Lo que a priori sería una batalla desigual, se convirtió en una auténtica masacre por la bravura de las nonagenarias vestidas de luto riguroso, armadas con palos de escoba y las mantillas de punto liadas a la cabeza. Entre Nanín y las señoras convirtieron las dependencias del vicepresidente electo en una reedición conteporánea de la guerra de las Termópilas. Y los vecinos reunidos en junta ordinaria y embriagados por el efluvio de la sangre, tomamos, mal que me pese, partido en la contienda (nunca se lo podré contar a Oriol).
Moha se unió a la facción de Nanín; Moisés se alió con las hermanas; mi madre era de Nanín, por supuesto; pero me recomendó, por el bien de la familia, por si vencía el clan de Doña Federica, que me uniera a las hermanas. Así que, para que no la tomara conmigo, para no oírla todos los días, fui a casa, tomé el palo de la escoba, y me puse a hacer que atizaba a los vecinos subido a la butaca preferida de Don Vicente, que observaba patidifuso el esperpento representado en su casa.
El griterío llegaba hasta la Plaza de los Luceros. Nanín jadeaba en la cocina con dos costillas rotas, mi madre invocaba a la legión con las Sagradas Escrituras en la mano, Moha y Moisés se tiraban los zapatos a la cabeza, Doña Blasa, que le había dejado la boutique a su sobrina, nos grababa con su móvil para colgarlo luego en Youtube y sacar unas perrillas, rememorábamos el Dos de Mayo, cuando la liviana y oscura figura del Keniata del primero nos convirtió de repente en estatuas de sal.
Obama, así se llama el vecino, de complexión ligera y mirada penetrante, corre la media maratón en una asociación deportiva del barrio y debe de ser muy bueno porque en el hogar del pensionista tienen una foto suya colgada en la pared, junto a la de Mario Kempes. Le compró a Don Miguel el primero A, Don Miguel se despidió de los vecinos con una nota en la que decía que no soportaba más vivir con orangutanes y le vendió su casa al nuevo vecino recomendándole de corazón que no la comprara. La figura de Obama, su porte, su mirada penetrante nos calmó como por arte de magia, plantado en medio del pasillo y en un perfecto y armonioso Swahili, nos preguntó, qué ostias está pasando aquí, qué es este alboroto que se os oye desde la calle, si estais locos de atar y dispuestos a tirar a bajo el edificio por qué no poneis una circular en el tablón de anuncios como hace todo el mundo. Qué don de palabra, estábamos patidifusos, su voz meliflua nos había cautivado.
Don Vicente es un erudito, habla siete idiomas, entre ellos Catalán y Swahili, y amablemente nos tradujo el discurso del recién llegado. Obama, sin dar tiempo de reacción a Doña Federica, tomó el pulso de la reunión y decretó una serie de medidas: expulsó de la propiedad al tal Nanín y sus secuaces; invitó a salir de casa del vicepresidente a todo aquel que no tuviera derecho a voto, es decir mi madre y las hermanas; instó a Doña Federica a dejar su cargo honoríficio; exigió a Moisés y Moha la firma de un armisticio; levantó acta de la asamblea y se erigió como presidente de la escalera, sin un voto en contra. En un minuto, había devuelto la paz y la cordura a la escalera.
Oriol conoce al tal Obama. Dice que proviene de una familia bien de Kenia, dedicados a encantar serpientes e imponer las manos. Está convencido de que será una buena influencia para nosotros; pero hay que darle tiempo,debe lidiar con mi Madre y con Doña Federica. Le digo que mejor que estábamos, estaremos. Y contesta que sí, que no es difícil; pero a ver lo que nos dura. Ojalá tengamos suerte.
Sergi Navarro, seducido por el momento Obama.
El tal Nanín ayudó a mi madre.
enero 17, 2009
Ayer le dije a Oriol que las visitas a nuestra página web se habían disparado, creo que por la historia del tal Nanín, le comenté. Pero me sacó del error, me ha dicho que es porque en la Cadena Ser han recomendado nuestra página. Qué poco trabajo tienen los señores de la Ser y mi madre emperrada en que estudie para funcionario.
Mi intención era contar cómo el tal Nanín nos ayudó a derrocar a Doña Federica, la presidenta de honor de la escalera, en la última reunión de vecinos que tuvimos anteayer. Pero Oriol me ha interrumpido con un mensaje Facebook, diciéndome que si estaba tonto. Que a quién se le ocurría. Ahora que somos famosos, continúa su hilo facebook, cuelga un capítulo de tu novela. Aprovecha que estamos en el candelero.
Le he contestado, dándole el número exacto de visitas, que no era para tanto, que no somos tan famosos; pero su respuesta ha sido contundente: Ya les gustaría a los de informativos de la Sexta tener la audiencia que nosotros tenemos.
Pido perdón a los señores de la Sexta y a los de la Cadena Ser, esperemos que lo quebrado por la guerra del fútbol lo una este humilde servidor y, a petición de Oriol, les dejo una insignificante porción de mi novela.
“No blandimos pesadas Tizonas, no gastamos yelmos de oro, no usamos barbas cuidadas y luengas, no reverdecemos en cantares de gesta, no embaucamos al infiel desolado, no violentamos al que arriba del agua, no anhelamos conquistas de arena, no perseguimos azules guerreras, no soñamos multitudes dormidas, no conducimos rebaños de ovejas, no vestimos capas en fiestas, no envidiamos botones de nácar, no ambicionamos estancias repletas, no presumimos de calles y plazas, no nos rendimos a la piedra preciosa, no suspiramos un rincón en la historia, no provocamos la falta en el césped, no anotamos en la larga distancia, no malversamos gomina de estrellas, no peinamos mostacho hirsuto, no azuzamos el odio entre hermanos, no trotamos rocines de nieve, no catequizamos la llanura de oriente, no nos postramos al arcón de Pandora, no prendemos montañas de encinas, no quemamos a brujas sin dientes, no vestimos trajes de moda, no buceamos en piletas de incienso, no mandamos gatos al agua, no devastamos por un puñado de patatas, no profanamos templos perdidos, no liquidamos por cacao y mandioca, no violamos en aviones privados, no cortamos cabezas de sapos, no besamos princesas de cuento, no comemos ladrillos de arcilla, no envasamos gusanos de seda, no pescamos en ríos revueltos, no bailamos el vals de los ricos, no ilustramos incunables robados, no invadimos países de polvo, no construimos chalets en la playa, no aguardamos pesebres de plata, no queremos asfalto de hormigas, no sacrificamos en altares de cielo, no exigimos vivir, sino estamos vivos, no ahorramos en vacunas, algodones o magias.
No son mirlos entre pinares, ni garzas en charcas sedientas, somos héroes, superhéroes, solo eso.”
Sergi Navarro, recordando al abuelo, aprovechando la fama.
Mamá quiere contratar a un tal Nanín
enero 15, 2009
Doña Federica ha metido en casa a sus siete hermanas del pueblo para amedrantar a los vecinos y conseguir pintar de blanco la fachada del edificio. Mi madre, que no es manca, ha contraatacado, contratando los servicios de un soldado de fortuna, un tal Nanín, así se le conoce en el mundillo, que es de lo mejorcito que se puede conseguir, o eso ha dicho la Blasa.
Antes de ir donde la Blasa, mi madre se allegó al quiosco de la plaza Manila para comprarle a Don Ignacio, nuestro quiosquero de toda la vida, un ejemplar de la revista Jara y Sedal con la que le regalaron un botecito de cebo vivo. Y claro, cuando llegó a casa con la revista y los gusanos, tuve que reñirla. No estamos para tirar el dinero a lo tonto, le dije, somos Ninjas; además, en Jara y Sedal no iba a encontrar información sobre mercernarios, si quieres algo, búscalo en Internet. Pero se perdió en su habitación y cerró la puerta, sin escucharme.
Cómo conoce el mundo mi madre. Qué mujer. Por supuesto, encontró lo que buscaba. Miles de mercernarios, pero, a ninguno le interesó la idea de atizar a Doña Federica durante la reunión de vecinos o lo que estaba dispuesta a pagar mi madre no cubría sus honorarios. Respiré tranquilo, al final quien va a las reuniones de vecinos soy yo y no ella, pensé que no encontraría a nadie y que tendríamos la fiesta en paz por lo menos unos días. Pero se fue donde Blasa.
La Blasa es dueña de una boutique de complementos para jubiladas con mucha categoría en el barrio, está muy bien relacionada, y enseguida supo lo que buscaba mi madre, conoce bien a Doña Federica. Le habló de un personaje, el tal Nanín, le dio una tarjeta de su organización y le regaló un Dvd para que se hiciera una idea de lo que estaba a punto de contratar.
http://es.youtube.com/watch?v=ZgosIqP3SCs
Os dejo su enlace. No quiero subirlo a la página de Oriol.
Mi madre está encantada, dice que son muy finos trabajando. En cuanto ha acabado el DVD ha cogido el teléfono y ha llamado a la boutique; por lo visto, solo la Blasa puede ponerse en contacto con ellos y le ha prometido a mi madre que concertará una cita.
Hemos quedado frente al cajero del Banesto de la Plaza Pio XII, en una pequeña tienda de ultramarinos dentro de una hora y media. Tenemos que ir vestidos de azul marino. La Blasa dice que nuestro contacto será una monja de paisano fumando un puro; pero que en realidad es uno de ellos disfrazado, pero que es tan bueno el disfraz, que si no estamos atentos, nos será imposible identificarlo, que son los mejores; pero no quieren trabajar para aficionados. Un lío, vamos.
No quiero ir, pero no voy a dejar a mi madre que vaya sola, me lo estaría echando en cara toda la vida. Sin embargo, ¿por qué no podemos tener nunca una junta de vecinos normal, con sus votos a mano alzada o en urna, sus canapés o un poquito de fiambre, sus actas, coordialiadad, talante, buen rollo? ¿Por qué es tan complicado todo? ¿Qué tienen las comunidades de vecinos, por qué no nos llevamos bien si somos muy poquitos?
Sergi Navarro, contratando al tal Nanín.
De Islas paradisíacas y asambleas amañadas
enero 14, 2009
He hablado seriamente con Oriol y nos vamos a Hamilton, una isla paradisíaca en Australia donde viven unos pobres peces que necesitan a un ser humano allí que les haga y ponga la comida todos los días, que regule el agua de los corales, que riegue los cocoteros, que ayude a los pajaritos a hacer sus nidos, un ser humano que haga un par de fotografías diarias, escriba un cuaderno de bitácora, cuide y se bañe con los delfines y que sea respetuoso con sus vecinos, es decir, que no haga mucho pis y no lave la ropa con fosfatos.
Somos nosotros, le he dicho a Oriol, nos están buscando. Pero Oriol no lo ve muy claro. Me dice por el chat del FACEBOOK que tiene a su cargo a Arnau, un pre-bonsai de olivo que recuperó de una obra en Santa Pola, y que para ir a Australia tranquilo primero tiene que encontrar a una persona de confianza a quien poder dejárselo.
Le he dicho a mi madre que me voy a Australia; pero ella bastante tiene con Doña Federica, me ha contestado, y no me marees. A la presidenta de honor de la escalera le ha dado por pintar de blanco nuclear la fachada del edificio. Pretende convocar una reunión de vecinos clandestina y saltarse los estatutos a la torera.
Y claro, mi madre llamó a su puerta y le dijo que ni lo soñara. Que aquí no se pintaba nada de blanco. Que qué se había creído.
Pero, por lo que cuentan los vecinos, Doña Federica tiene una fijación con pintar la fachada, invoca a la memoria de su padre, el promotor del edificio, y está decidida a llamar a sus siete hermanas, ninguna baja de los noventa años, para que monten lío en la próxima asamblea, amilanar a los vecinos, y salirse con la suya, votando a mano alzada.
Por su parte, mi madre se ha reunido con Vicente, el vecino que le arregla el transistor y vicepresidente electo de la escalera, para idear una estrategia que consiga amortiguar la embestida de la Presidenta de honor y el grupo de Hooligans nonagenario que la acompañará con palos y ninchacos el día de la asamblea.
Lo mejor de esta historia es que Moha y Moisés siguen tirándose a la cara las pinzas de la ropa, siguen poniéndose la zancadilla cuando se ven en la escalera, siguen escondiéndose los felpudos en el cuarto de contadores; pero ya no se nota. A los vecinos ya solo nos interesa la próxima asamblea.
Sergi Navarro, pensando en el video que dará de comer a los peces.
Mi madre es una Ninja
enero 12, 2009
Doña Federica ha dado el visto bueno y, por fin, han venido a arreglar la caldera. Pero, como unos rusos que regentan una destilería no muy legal de vodka, la llaman Bada Bing, o algo parecido, han hecho un empalme en nuestra llave de paso, no nos llega el gas y seguimos sin calefacción.
El edificio está que se cae, pasamos un frío aterrador en invierno y un calor de sabana en verano y queremos cambiarnos de casa; pero no podemos porque, según Oriol y un tipo llamado Leopoldo Abadía, somos una familia de Ninjas o algo por el estilo y el del banco, a día de hoy, no nos va a dar una hipoteca. Mi madre tendrá un pronto malo, que no lo discuto, pero de ahí a decir que es una Ninja, que somos una familia de Ninjas, hay un mundo.
Llevo unos meses midiendo y anotando la temperatura del piso con relación al consumo energético y las cuentas no salen. Dicho de otra manera, lo que gastamos en el gas butano de la estufa y en el de la calefacción, cuando funciona, y en la electricidad de los seis ventiladores que ponemos en verano, en relación, con el calor y el frío que tenemos en casa no nos compensa, es preferible comprar una casa nueva.
Queremos cambiar de piso, ir a otro más pequeño, donde gastemos menos y mamá pueda conocer a nueva gente y hablarse con ellos por lo menos unos meses. Una pisito soleado en invierno y ventilado en verano. La idea es vender el nuestro, comprar otro, pedir una pequeña hipoteca y cambiar de vida; pero el del banco no nos deja. Dice nuestro director que, aunque somos clientes de toda la vida, con la pensión de mi madre no nos llega. Que no hay cambio, que ha pasar frío y calor, porque es lo que nos toca.
Yo no lo entiendo, si los créditos estaban tan bajos, ¿por qué ahora, cuando lo necesitamos, no nos dan el dinero? Pero, por lo que dice Oriol, la cosa está clara: “somos unos ninjas y ahora a los ninjas no se les presta dinero”
Por supuesto, a mi madre no le he dicho nada sobre el tema. Se entera de que un tal Leopoldo Abadía va llamándola Ninja por la teles de todo el país y monta un dos de Mayo de no te menees. Además, Oriol, que siempre sale con un termómetro en el bolsillo, me comenta por el chat del Facebook que lleva haciendo mediciones desde hace mucho más que yo y que no me preocupe, que la cosa no tiene arreglo, que cambiando de casa no solucionaría el problema. Que aunque sea un Ninja el frío no me lo quita ni el del banco, ni doña Federica, ni el Zapatero del quinto.
La cosa pinta mal, el frío y el calor igualan al mundo. Así que, habrá que hacer acopio de mantas en el rastro, porque el gas se lo siguen quedando los del Bada Bing para su Vodka y a ver quién se mete con ellos, para pasar de la mejor manera el invierno y , esperando agradecidos una buena ola de calor que nos cambie de barrio, comprar ventiladores en verano.
Sergi Navarro, desde la Tundra, lejos de Santa Pola.